Cuidar a los recién nacidos a menudo confunde a muchos padres, especialmente cuando tienen que entender las necesidades del bebé a través del comportamiento y el llanto. Entre ellos, reconocer cuándo el niño tiene hambre es una habilidad importante, que ayuda a amamantar al bebé en el momento adecuado y a cuidarlo de manera más efectiva.
Según la Dra. JK Reddy, pediatra del Hospital Infantil Apollo (India), los bebés recién nacidos generalmente necesitan ser amamantados entre 8 y 10 veces al día. Para los bebés en edad fértil, la distancia entre las sesiones de té suele ser de 2 a 5 horas, mientras que los bebés prematuros pueden necesitar ser amamantados cada 2 a 3 horas. Sin embargo, en lugar de aplicar un horario rígido, los expertos recomiendan a los padres amamantar a los bebés según las necesidades reales.
Es importante reconocer los signos de hambre temprano, porque cuando el bebé ha llorado fuerte, amamantar será más difícil. Las señales iniciales suelen ser bastante sutiles, como abrir la boca, girar la cabeza para buscar los senos, poner la mano en la boca, chupar los dedos, chupar los labios o volverse inquieto. Cuando detecten estos signos, los padres deben amamantar al bebé de inmediato para evitar que el bebé llore prolongadamente.
Sin embargo, no todos los llantos de un bebé recién nacido provienen del hambre. De hecho, el bebé puede sentirse incómodo por el pañal mojado, hinchado, somnoliento o simplemente querer ser sostenido.
Para determinar la causa, los padres pueden intentar amamantar al bebé. Si el bebé lo chupa inmediatamente y amamanta uniformemente, es muy probable que tenga hambre. Por el contrario, si el bebé no amamanta o sigue llorando, es necesario comprobar otros factores como los pañales, el sueño o el estado digestivo. Esta observación ayuda a los padres a evitar confusiones entre el hambre y otras necesidades fisiológicas, lo que permite cuidar al niño de forma más precisa y eficaz.
Durante el proceso de desarrollo, los niños tienen etapas de crecimiento rápido, que generalmente caen en la segunda semana, la sexta semana y alrededor de los tres meses de edad. En estos momentos, el bebé puede amamantar con más frecuencia de lo normal. Este es un fenómeno completamente natural y no preocupante.
Según la Dra. JK Reddy, amamantar al bebé según las necesidades es la forma más adecuada en los primeros meses de vida. Esta forma ayuda al niño a recibir suficiente nutrición, al tiempo que aumenta la conexión entre madre e hijo. Al amamantar, los padres deben mantener un espacio tranquilo, colocar al bebé en la postura correcta y mantener una psicología cómoda.
Sin embargo, no debes asumir que todos los llantos sean signos de hambre. La leche materna excesiva puede causar hinchazón, indigestión e incomodidad en el bebé. Por lo tanto, observar el comportamiento y las señales del bebé juega un papel importante en el cuidado adecuado.
Los padres deben llevar a sus hijos al médico cuando aparezcan signos como orinar menos de lo normal, aumento de peso lento, faltar a mamar durante muchas horas, vómitos repetidos o letargo anormal. Según los expertos, controlar el número de orinaciones diarias es una forma sencilla de saber si el niño ha mamado lo suficiente o no.
Cada niño tiene diferentes necesidades y ritmos biológicos. Comprender correctamente los signos de hambre ayudará a los padres a cuidar a sus hijos de manera más eficaz y proactiva en los primeros meses de vida.