Djokovic aún no ha ganado su título de Grand Slam número 25 en su carrera después de perder ante Carlos Alcaraz en la final del Abierto de Australia 2026. Ya no ocupa el puesto número 1 del mundo, pero ha mantenido la cima durante muchos años, lo que obliga a todos los oponentes a respetarlo. Para él, el precio de convertirse en número 1 es la disciplina, como lo demuestra el intercambio del tenista de 38 años.
¿Cuánta disciplina es suficiente? En enero de 2012, derroté a Rafa Nadal en la final del Abierto de Australia. El partido duró 5 horas y 53 minutos, el más largo de la historia del torneo y también la final individual de Grand Slam más larga de la Era Abierta. Muchos comentaristas lo llamaron el mejor partido de tenis de todos los tiempos.
Después de ganar, me senté en el vestuario de Melbourne. Solo quería una cosa: Probar el sabor del chocolate. No he comido desde el verano de 2010. Miljan me trajo una barra de caramelo. Rompí un trozo cuadrado pequeño, un trozo muy pequeño, y luego me lo puse en la boca, para que se derritiera en la punta de la lengua. Solo eso me lo permití a mí mismo. Ese es el precio que tengo por ascender al número 1".
Eso es todo, pero seguramente no pocas personas negarán con la cabeza, considerándolo una disciplina dura y extrema. Vivir así, ¿qué más se puede disfrutar? Pero es precisamente eso lo que explica por qué Djokovic puede estar en la cima durante tantos años.
El precio de ser número 1 rara vez son grandes cosas. Puede ser solo rechazar una alegría muy pequeña, en el momento en que sientes que más mereces ser mimado. Es cuando nadie te recuerda, te sigue, te revisa, pero tú mismo mantienes todo bajo control.
No solo los deportes, todas las profesiones son así. Para estar a la cabeza, debes aceptar tomar un camino disciplinado. No es una disciplina severa, sino un sistema de reglas que te estableces para optimizar tu vida, no porque nadie te lo obligue, sino porque entiendes su valor a largo plazo más que el placer inmediato. La disciplina efectiva debe ir de la mano con la capacidad de autoajuste: saber cuándo ser firme, cuándo descansar y cuándo cambiar de estrategia.
La disciplina no es el destino, sino el medio para lograr un objetivo mayor: Ser libre de hacer cosas significativas, vivir según tus propios valores, no según emociones momentáneas, como comer una barra de chocolate entera...