Este es un recurso muy grande y en las condiciones en que la economía se dirige hacia el objetivo de crecimiento de más del 10% según la Resolución 168/NQ-CP, la expansión del crédito es necesaria.
Sin embargo, aumentar el crédito no es el destino, sino solo un medio para crear crecimiento. Lo más preocupante es si este flujo de capital va al lugar correcto.
Si el capital se introduce en empresas de procesamiento y manufactura, agricultura de alta tecnología, industrias de apoyo o sectores que crean valor añadido, la economía tendrá más fábricas, más líneas de producción, más empleos y más bienes.
Cuando la capacidad de producción se expande, el crecimiento tendrá una base más sólida y la presión inflacionaria también se reducirá.
Por el contrario, si el flujo de dinero fluye principalmente hacia actividades especulativas o solo aumenta los precios de los activos, será difícil para la economía crear un nuevo valor acorde con la cantidad de capital invertido.
En ese momento, la cifra de crecimiento del crédito puede ser muy buena, pero la eficiencia para la economía real no es alta.
Esa es la razón por la que cada vez más expertos creen que no se debe evaluar el éxito de la política monetaria solo por la tasa de crecimiento del saldo de la deuda. Lo que debe medirse es cuánto capital ha contribuido a crear producción, cuántos puestos de trabajo y cuántos nuevos ingresos para la gente...
Desde esta perspectiva, la solicitud del Gobierno de una estrecha coordinación entre la política fiscal y la política monetaria es apropiada y correcta.
La política fiscal a través de exenciones y reducciones de impuestos y tasas, la promoción de la inversión pública o el apoyo a las empresas ayudará a mejorar el flujo de efectivo y reducir la presión de los préstamos a corto plazo. En ese momento, el sistema bancario tendrá las condiciones para concentrar recursos en proyectos de inversión a mediano y largo plazo que puedan crear más capacidad de producción.
En otras palabras, la política fiscal apoya a las empresas para que se mantengan firmes, mientras que la moneda crea motivación para que las empresas se desarrollen. Esa coordinación también ayuda a reducir la carga para el sistema bancario.
No podemos esperar que el crédito asuma solo todos los objetivos de crecimiento de la economía, especialmente en el contexto de que los bancos todavía tienen que garantizar la seguridad del capital, controlar las deudas incobrables y mantener la estabilidad del sistema financiero.
Finalmente, lo que las empresas necesitan no es solo pedir prestado capital, sino también un entorno empresarial favorable para que ese capital genere ganancias.
Y lo que la economía necesita no es solo un rápido aumento del crédito, sino que la capacidad de producción, la competitividad y la confianza del mercado también mejoren.
Cuando esos factores van de la mano, el crédito se convierte verdaderamente en el motor del crecimiento y el objetivo de un alto crecimiento puede ir de la mano con la sostenibilidad.