Una vez se sentó en un puesto de bebidas, junto a la mesa había varias personas discutiendo muy animadamente. Hablaban desde fútbol, bolsa, bienes raíces, precios del oro hasta política internacional. Todo era tan asertivo como si acabaran de salir de una reunión de jefes de estado. Antes de que una persona terminara de hablar, otra intervino con una frase de apertura familiar: "Digo la verdad..." o "En mi opinión, es muy simple...". Lo interesante es que cuanto más escuchas, más te das cuenta de que la mayor parte del conocimiento son solo algunos fragmentos de información que lees en línea, mezclados con una confianza muy admirable.
Mientras tanto, en la esquina de la tienda, un anciano estaba sentado en silencio bebiendo té. De vez en cuando, la gente se giraba para pedir su opinión, el anciano solo sonreía y decía algunas frases cortas. Sin ser largo, sin intentar vencer a nadie, pero todos asintieron. Resultó que las palabras tienen peso no por la gran volumen, sino porque detrás de ellas hay experiencia.
Una vez, usted siguió a un equipo de reporteros a la zona inundada. En el camino, muchas personas en el coche debatieron muy enérgicamente sobre cómo hacer las labores de socorro. Algunos dijeron que tenía que ser esto, otros dijeron que tenía que ser aquello. Al llegar, un soldado no dijo mucho. Simplemente cargó silenciosamente cada saco de arroz, cargó a cada anciano a través de la corriente de agua inundada. Después de un día, su ropa estaba embarrada de barro. Nadie recuerda lo que dijo, pero todos recuerdan lo que hizo.
La vida es justa. El poco conocimiento no es preocupante, nadie nace sabiendo todo. Lo preocupante es saber muy poco pero querer demostrar que sabe mucho. El vacío de comprensión a menudo se llena con el acento. Mientras que las personas que realmente entienden un campo suelen ser cautelosas con cada conclusión, porque saben que el mundo es mucho más amplio de lo que han aprendido.
Pero no es solo el silencio lo que es sabio. Hay momentos en los que es necesario alzar la voz para proteger a los débiles, o decir disculpas, agradecimientos, palabras de amor antes de que sea demasiado tarde. Y hay personas que hablan mucho pero cuanto más escuchan, más respetan, porque cada frase contiene conocimiento, amabilidad o experiencia de vida.
Por lo tanto, no se trata de hablar poco o mucho. Sino que antes de hablar, pregúntate si las palabras que estás a punto de decir hacen que otros las entiendan mejor, mejor. Si la respuesta es no, entonces el silencio es más valioso que un discurso. Porque las palabras son como una ventana que se abre al alma humana. Hay momentos de silencio no porque falte algo que decir, sino porque entiendes lo suficiente para saber lo que vale la pena decir.