En esos momentos, la elección más fácil, la más tentadora no es seguir adelante, sino dejar ir. Porque todo el mundo tiene momentos de desesperación. La gente está cansada de intentarlo todo el tiempo pero no ver los frutos dulces, cansada de dar pero no recibir mucho, cansada de haber apostado demasiada fe y luego cosechar toda la decepción.
Sin embargo, la gran mayoría de la gente elige detenerse cuando está a solo un paso de la meta que ellos mismos no conocen. Los escaladores que deciden dar la vuelta justo antes de la última curva siempre se perderán el amanecer brillante detrás de la cima de la pendiente. Aquellos que renuncian a la esperanza demasiado pronto nunca tendrán la oportunidad de ver lo que el destino les ha preparado silenciosamente en el próximo capítulo.
Miren a las personas que luchan ahí fuera, como los albañiles que pierden sus trabajos en la mediana edad tragando la amargura para aprender un nuevo oficio o los pacientes condenados a muerte en las camas del hospital que todavía aprecian las sonrisas enviadas a quienes les rodean. El poder más valioso de las personas nunca ha sido una vida invicta, sino la capacidad de encontrar una razón para levantarse después de cada vez que la vida los derriba.
En los días en que piensas que te has quedado sin nada, en realidad todavía posees el activo más invaluable. Esa es la capacidad de no rendirte al destino. La mayoría de los callejones sin salida en la vida no son realmente callejones sin salida, son solo giros tortuosos que no tenemos suficiente paciencia para llegar al final.
El tiempo siempre tiene una manera de responder preguntas que la impaciencia humana nunca puede responder. Hay semillas que tienen que permanecer inmóviles en la tierra fría durante muchos meses para germinar, hay estaciones en las que las flores tienen que pasar por todo un invierno helado para poder florecer. Si todo lo valioso en este mundo llegara de forma fácil y rápida, la gente nunca habría aprendido la perseverancia.
Por lo tanto, cuando te enfrentas a un período aparentemente estancado, lo importante no es quedarte quieto y mirar al cielo y quejarte de cuándo todo mejorará. La pregunta correcta es: ¿Puedo dar un paso más? Solo un paso. Una llamada telefónica, una prueba más, un día más de esfuerzo. Y luego, un día mirando hacia atrás, te darás cuenta de que lo que te llevó a través de la tormenta no es ningún poder extraordinario. Es solo porque en el momento más oscuro, no te detuviste.