Parece que la gente promete más a medida que crece. Algunas personas prometen por cortesía, prometen para que otros estén contentos y prometen porque en ese momento las emociones están tan altas como el precio del oro. Cada boda tiene promesas centenarias. Cada clase tiene promesas diligentes desde el comienzo del semestre. Y cada lunes por la mañana hay promesas que comienzan una nueva vida. Pero luego pasa el tiempo, la promesa permanece en algún lugar entre el cajón de la memoria junto con los cargadores de teléfono que ya no saben para qué máquina usar.
Por lo tanto, cuanto más tiempo vive, más le gustan las personas que prometen poco. No dicen "déjame encargarme" o "solo confía en mí". Tampoco declaran frases grandiosas como en las películas, solo lo hacen en silencio.
Ella pertenece a este grupo. Es tan callada que mucha gente piensa que es fría. Hace diez años, en una despedida universitaria, todo el grupo estaba sentado bebiendo té helado bajo el árbol de flamboyán. Un chico bromeó: "Si alguna vez te casas lejos, recuerda venir a la reunión de clase". Todos se echaron a reír a carcajadas. La otra chica solo dijo una palabra "OK". Luego la vida se llevó a todos en una dirección. Algunas personas se fueron a vivir a Europa lejana, algunas personas se fueron al sur, algunas personas perdieron el contacto. Diez años después, un compañero de clase se casó con un esposo británico, toda la clase organizó una reunión. Ella estaba viviendo en un país asiático cuando apareció inesperadamente, sorprendiendo a todos. "Dios mío, ¿recuerdas de verdad?". Ella sonrió: "Si lo prometiste, solo recuerda". La respuesta fue tan simple que todos guardaron silencio.
De repente me di cuenta de que el problema no es si la promesa es mucha o poca. El problema es cuánto peso pesa la promesa. Algunas personas ven la promesa tan ligera como el humo del cigarrillo, que acaba de terminar de hablar y se ha disipado. Algunas personas ven la promesa como una deuda, aunque los años la hayan cubierto de polvo, todavía la llevan en sus corazones. Así que ahora, cada vez que planea prometer algo, a menudo piensa un poco más cuidadosamente. Porque en esta vida no faltan buenas promesas. Lo más raro es la persona que hace que otros esperen con tranquilidad. Si no estás seguro de que puedes hacerlo, tal vez solo diga honestamente "lo haré". Y cuando hayas dicho la palabra "prometer", considérala como una semilla sembrada en el suelo. Algunas semillas germinen después de unos días, otras después de unos años. Incluso hay promesas que tienen que esperar décadas para florecer.
Pero en ese día, la gente no recuerda lo bueno que dijiste. La gente solo recuerda que, en medio de un mundo lleno de promesas incumplidas, todavía hay una persona que cumple sus promesas en silencio. Y a veces, solo eso es suficiente para hacer que otros piensen que todavía hay muchas cosas en las que esperar, en las que creer.