Muchas personas practican muy diligentemente esta habilidad, fingiendo que esta lo suficientemente bien para que nadie mas pregunte, asintiendo con la cabeza en el lugar correcto mientras que la mente es un monton de cables electricos intermitentes. En ese momento, los hombres a menudo son elogiados por ser valientes porque se quejan menos. Pero pocas personas saben si ese silencio se debe a la solidez, o simplemente a que no se permiten hablar.
La gente a menudo confunde la robustez con la terquedad. La robustez significa saber que te duele pero seguir adelante. La terquedad significa que ya no sientes nada, o fingir eso y con el tiempo te acostumbras. Muchos hombres que superan los cuarenta años con una coleccion de "cosas pequeñas": un gran proyecto fallido, un matrimonio roto, una amistad de larga data rota... Pero luego, hay noches en las que esas "cosas pequeñas" se reunen naturalmente en gran numero, recordandoles que todavia estan en alguna parte de sus mentes esperando la oportunidad para surgir.
La madurez comienza cuando nos atrevemos a hablar, pero hablamos de una manera optativa. No es hablar por todas partes, sino elegir un lugar para hablar. Algunas personas solo hablan con viejos amigos, el tipo de amigos que no necesitan explicar el contexto. Algunas personas hablan con la mujer que aman, no para pedir ayuda, sino para ser vistas. Tambien hay personas que eligen dialogar consigo mismas a traves de una carrera en medio de un espacio muy "chil" para que todos los pensamientos se liberen como pajaros, buscando un lugar para atracarse.
Lo interesante es que cuando se atreven a mirar directamente a la parte mas fragil, el hombre no se debilita. Por el contrario, comienza a distinguir cual es el dolor que necesita atencion, cual es el miedo que necesita ser llamado. Deja de ser irritable sin motivo, deja de usar el alcohol como escudo. Sabe decir disculpas, sabe ser sincero "no estoy bien" sin sentirse avergonzado.
Sin embargo, no todas las revelaciones son maduras. Hay veces que lo dices solo para echar la culpa de las emociones sobre los hombros de los demas. La madurez reside en saber lo que estas haciendo con esa fragilidad, compartir para conectar o para evitar levantarte solo. Hay partes que debes poner en la mesa, pero tambien hay partes que debes guardar en un cajon separado.
No por ser feo, sino porque es demasiado privado. Al final, la madurez es como un habito discreto, atreverse a mirar, atreverse a nombrar y atreverse a elegir el lugar donde colocar cuidadosamente su parte fragil. Cuando los ojos todavia se atreven a abrirse para mirar la verdad, el camino, por accidentado que sea, es para caminar, no para evitarlo. Y tal vez, eso sea suficiente para continuar.