La opinión anterior fue expresada por el Primer Ministro Le Minh Hung en la sesión de debate en grupo de la Asamblea Nacional, el 19 de agosto, sobre la orientación para la elaboración del proyecto de Ley de Presupuesto Estatal (unificado) y la integración de 4 programas objetivo nacionales en 1 programa objetivo nacional.
La opinión del Primer Ministro Le Minh Hung plantea un requisito que parece muy simple pero que tiene un significado decisivo para la eficiencia del uso del presupuesto, que es que el dinero debe ser llevado al lugar correcto donde se necesita y destinado al trabajo correcto que la gente necesita.
Cada localidad tiene diferentes necesidades de inversión. Una comuna montañosa puede necesitar un camino para que la gente pueda llevar fácilmente los productos agrícolas al mercado. Una zona con escasez frecuente de agua esperará un proyecto de agua potable.
Mientras que algunas localidades todavía necesitan invertir en más escuelas y estaciones de salud, en otros lugares, estas infraestructuras básicamente satisfacen las necesidades y los recursos que deben priorizarse para los medios de vida, la vivienda o la infraestructura digital.
Si los recursos se dividen en "barretes" demasiado rígidos, puede surgir la paradoja de que hay dinero para lo que no es urgente pero falta dinero para lo que es más urgente.
En ese momento, el problema no es solo el riesgo de desperdicio de presupuesto, sino también las necesidades legítimas y urgentes de la gente que se resuelven lentamente.
Por lo tanto, la propuesta del Gobierno de integrar los programas objetivo nacionales tiene como objetivo reducir la dispersión en la gestión, limitar la superposición de políticas y, al mismo tiempo, crear condiciones para que los recursos se centren en objetivos más urgentes.
Por supuesto, las necesidades de la localidad no pueden ser la única base; la asignación del presupuesto también debe basarse en la planificación, los criterios de desarrollo, la capacidad de equilibrar los recursos y la eficiencia de la inversión.
Si se implementa bien, la integración creará un mecanismo flexible para que las localidades elijan de forma proactiva las tareas más adecuadas a sus necesidades.
En ese momento, el Gobierno Central determinará los objetivos, los criterios y las principales prioridades. Las localidades, sobre la base de la realidad y dentro del marco de los criterios y objetivos definidos por el Gobierno Central, seleccionarán las tareas prioritarias más adecuadas.
Por supuesto, otorgar la iniciativa también significa una mayor responsabilidad.
Las localidades tienen derecho a elegir, por lo que deben explicar por qué este proyecto debe hacerse primero que otro, por qué esta área debe ser prioritaria y, lo más importante, qué cambio aporta el dinero del presupuesto a la vida de las personas.
Dar autonomía no significa dar autonomía arbitraria. Si faltan criterios, publicidad y supervisión, la flexibilidad puede convertirse en arbitrariedad en la asignación de recursos.
Por lo tanto, la descentralización debe ir acompañada de publicidad, inspección, supervisión y post-auditoría. La eficacia tampoco debe evaluarse solo por la tasa de desembolso o el número de proyectos completados, sino que debe medirse por los resultados reales.
En particular, integrar programas no significa reducir los objetivos o reducir los recursos para las áreas difíciles.
Por el contrario, el nuevo mecanismo debe garantizar aún más que los recursos sean más efectivos para las zonas de minorías étnicas, las zonas montañosas, las zonas remotas, las zonas fronterizas y las islas.
La asignación de recursos de acuerdo con las necesidades y el dinero del presupuesto solo tiene valor real cuando se convierte en cambios prácticos en la vida de las personas.