El flujo de coches detrás comenzó a subir, el sonido de la sirena se redujo y luego se extendió en ráfagas gruñidas. Una motocicleta se acercó al anciano, casi rozando la rueda de una bicicleta. El conductor giró la cabeza, soltó una frase desagradable y se marchó. El anciano no reaccionó, solo inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera tratando de entender lo que acababa de suceder.
En el carril de al lado, otra anciana se apoya en un bastón para cruzar la calle. Cada paso de la anciana es una vez que el flujo de coches delante tiene que detenerse. Algunas personas se muestran impacientes, ya no tocan el claxon sino que niegan con la cabeza, fruncen el ceño, sus ojos muestran claramente incomodidad. Un joven que estaba cerca de él soltó: "¿Por qué salir a la calle ahora para hacer sufrir a otros?".
Esas escenas resultan ser muy familiares. Y se dio cuenta de que una vez estuvo del mismo lado que esas negativas. Cuando era un poco más joven, también pensaba que su ritmo de vida era un estándar: rápido, conciso, preciso. Quien es más lento está equivocado, quien está atascado está molesto. La gente olvida fácilmente que su velocidad hoy, algún día también se ralentizará y cualquiera puede cometer errores.
Tiene un amigo que trabaja en medios, rápido, agudo y también muy temperamental. Una vez, regañó a un compañero de prácticas solo por enviar el archivo equivocado. La niña se quedó quieta, con los ojos enrojecidos. Todo parecía pequeño, pero unos meses después, él mismo en un gran proyecto cometió un error similar. Desde ese día, su forma de hablar con los demás se ha ralentizado y suavizado. No porque haya cambiado su naturaleza, sino porque entiende los sentimientos de la persona de enfrente.
Pero entender por sí solo no es suficiente. Porque en la vida cotidiana, las personas se ven fácilmente envueltas en reflejos muy instintivos, molestas cuando tienen que esperar, molestas cuando son molestadas y apresuradas a etiquetar a otros. Los ancianos se convierten en un símbolo de lentitud, las personas que cometen errores son consideradas descuidadas, las personas en dificultades son consideradas incompetentes. Esas etiquetas son convenientes, pero también muy crueles.
Una vez fue a tomar fotos en un antiguo complejo de apartamentos. Una anciana sentada frente a la puerta, contó sobre la época en que este lugar todavía era el orgullo de todo el vecindario. Ella sonrió, pero sus ojos parecían mirar a un lugar muy lejano. Se dio cuenta de que hay personas que viven en la memoria no porque no quieran seguir adelante, sino porque ese es el último lugar donde se sienten completos.
La vida es un círculo en el que todos eventualmente pasarán por todos los roles. A veces eres la persona que camina rápido, a veces eres la persona que tiene que detenerse. A veces eres firme, a veces necesitas una mano para sostenerte. Y en esos momentos, lo que necesitas de los demás no es una evaluación, sino un poco de suavidad.