Cuando pasamos por todos los altibajos, de repente nos damos cuenta de que aceptar retrasos no es rendirse, sino un viaje de madurez mental, donde aprendemos a familiarizarnos con la incertidumbre del mundo humano.
El tiempo es inherentemente un flujo limpio, pero la percepcion humana de el es extremadamente subjetiva. Una vez nos enfadamos cuando un amigo llega diez minutos tarde, una vez nos decepcionamos cuando el tren sale de la estacion justo delante de nosotros, o mas dolorosamente cuando una oportunidad de vida se escapa de nuestro alcance solo por una demora invisible. Esa resistencia proviene de la ingenua creencia de que podemos controlar todo. Sin embargo, la realidad siempre nos recuerda nuestra fragilidad.
Acostumbrarse a la falta de ritmo tambien es el momento en que descubrimos la belleza de los espacios vacios. En lugar de dejar que la irritabilidad se arrastre, podemos optar por contemplar una rama de flor que acaba de florecer, observar un rostro extraño en la calle, o simplemente escuchar nuestro propio aliento. Si la vida siempre llega a tiempo, ¿nos detendremos alguna vez para darnos cuenta de que la felicidad a veces no esta en el destino, sino en los momentos vacios entre dos hitos del viaje?
Mas profundamente, el retraso tambien es una metafora del destino. Vivimos en una era apresurada, donde el exito temprano se honra como un estandar, haciendo que aquellos que "llegan tarde" se sientan dejados atras. Pero la filosofia de la espera nos enseña que: Cada persona tiene un horario y una temporada de floracion separados. El retraso del destino a veces es la preparacion necesaria, para que cuando aparezca lo que esperamos, tengamos suficiente firmeza para recibirlo de la manera mas completa.
Aceptar las citas tardias tambien es el arte de la compasion. Ser tolerante con los demas es tambien el momento en que somos tolerantes con nosotros mismos. La vida no es una maquina y los humanos no son engranajes. Las faltas de ritmo hacen que la vida sea mas suave, nos enseña a ser pacientes y a apreciar lo que tenemos en el presente.
Esta vida nunca ha sido realmente tardia, solo esta sucediendo en un ritmo diferente que a veces nuestra pequeña mente no ha tenido tiempo de percibir. Cuando dejamos de mirar las agujas del reloj con ansiedad, veremos que todo lo que viene y se va, tarde o temprano, ya es una disposicion perfecta del tiempo.