La enfermedad renal crónica ya no es una enfermedad que solo se encuentra en los ancianos. En los últimos años, esta enfermedad tiende a rejuvenecer y es cada vez más común.
Personas con presión arterial alta, trastornos lipídicos y diabetes: La diabetes es una de las principales causas de enfermedad renal crónica, con alrededor del 20-40% de los pacientes que pueden progresar a enfermedad renal debido a la diabetes. Además, la presión arterial alta y los trastornos lipídicos prolongados, si no se controlan bien, también causan daño a los vasos sanguíneos en los riñones, aumentando el riesgo de enfermedad.
Personas con un estilo de vida poco saludable: Una dieta alta en sal y grasas, quedarse despierta hasta tarde con frecuencia, sentarse durante mucho tiempo, retener la orina, beber mucho alcohol o consumir muchas bebidas azucaradas aumentan la carga metabólica de los riñones, lo que lleva a daños renales crónicos.

Personas que usan medicamentos incorrectamente: El abuso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), medicamentos combinados contra la gripe, antibióticos, suplementos dietéticos, productos para adelgazar o remedios de origen desconocido durante un largo período de tiempo puede ser tóxico para los glomérulos y los tubos renales, lo que deteriora la función renal.
Otros grupos también tienen un alto riesgo, incluyendo personas obesas, especialmente obesas abdominales; personas mayores de 60 años; personas con antecedentes familiares de enfermedad renal crónica; personas que sufren infecciones del tracto urinario con frecuencia; o personas con proteína urinaria prolongada.
Según las recomendaciones, los grupos de alto riesgo necesitan ser asesorados y educados sobre la prevención de la enfermedad renal crónica periódicamente cada 6 meses y someterse a controles de función renal al menos una vez al año.