Si antes los padres se preocupaban principalmente por el bajo peso y la desnutrición de sus hijos, ahora los médicos se enfrentan a la realidad de que cada vez más niños aumentan de peso en exceso, lo que lleva a una serie de peligrosos trastornos metabólicos.
Según los médicos del Hospital Infantil 2, detrás de la obesidad no solo hay un peso excesivo, sino que también puede haber hipertensión, trastornos lipídicos, hígado graso y resistencia a la insulina, enfermedades que son comunes en adultos. En particular, por cada 3 niños con sobrepeso y obesidad, alrededor de 1 niño ha tenido al menos una anomalía metabólica.
El grupo de estudiantes de último año de primaria y secundaria inferior es un grupo de alto riesgo. Esta es una etapa en la que el cuerpo se desarrolla rápidamente, las hormonas cambian y se forman hábitos alimenticios y de vida que afectan la salud a largo plazo.
La causa principal identificada proviene del estilo de vida moderno. Los niños acceden fácilmente a refrescos, té con leche, comida rápida y alimentos procesados ricos en energía pero pobres en nutrientes. Mientras tanto, el tiempo de ejercicio al aire libre se reduce cada vez más debido a la presión académica, el uso prolongado de teléfonos y computadoras y la falta de sueño. Estos factores perturban el proceso metabólico, creando condiciones para que la obesidad y las enfermedades relacionadas aparezcan temprano.
Es preocupante que la edad para padecer trastornos metabólicos sea cada vez más joven. No pocos niños de solo 8-10 años, incluso de solo 2-3 años, han sido diagnosticados con hígado graso, trastornos lipídicos o signos de resistencia a la insulina. Una manifestación común es la piel oscura del cuello o las axilas. Sin embargo, la mayoría de los niños todavía comen y juegan normalmente, por lo que es difícil para las familias reconocerlo si no se someten a exámenes de salud periódicos.
Además de los efectos físicos, el sobrepeso y la obesidad también tienen un impacto negativo en la salud mental. Muchos niños se sienten acomplejados por su apariencia, reacios a participar en actividades colectivas o se convierten en objeto de burlas en la escuela. La presión psicológica prolongada puede hacer que los niños recurran a comer como una forma de liberar emociones, lo que dificulta aún más el control de la obesidad.
Los médicos recomiendan a los padres que no mantengan el concepto de "un niño gordo es sano", y que tampoco apliquen medidas de pérdida de peso extremas. El control del peso debe llevarse a cabo de manera científica, adecuada para cada edad, a través de una dieta equilibrada, limitando las bebidas azucaradas y los alimentos procesados, aumentando el ejercicio, durmiendo lo suficiente y realizando chequeos médicos periódicos para detectar anomalías a tiempo, y así tener medidas de intervención oportunas.