La enfermedad del hígado graso de nivel 1 se define como una condición en la que la grasa comienza a depositarse en las células hepáticas pero aún no causa daños significativos o afecta la función de funcionamiento de este órgano. Debido a que la cantidad de grasa acumulada sigue siendo muy pequeña, la enfermedad generalmente no tiene manifestaciones obvias externas y solo se detecta accidentalmente a través de chequeos de salud periódicos.
Los dos principales tipos de hígado graso son el alcohólico (AFLD) y el no alcohólico (NAFLD). Entre ellos, la NAFLD es más común en personas con problemas metabólicos.
Los principales factores que causan hígado graso incluyen:
Estilo de vida moderno: Dieta con exceso de azúcar, grasas saturadas y carbohidratos refinados combinada con hábitos de baja actividad física.
Obesidad y resistencia a la insulina: La grasa visceral abdominal es una fuente directa de ácidos grasos para el hígado. CONDICIONES como la prediabetes y la diabetes tipo 2 también promueven este proceso.
Trastornos endocrinos y lipídicos: Hipertiroidismo, síndrome de ovario poliquístico (SOP) o niveles altos de colesterol y triglicéridos en sangre.
La hígado graso de nivel 1 generalmente no tiene síntomas claros. Algunos pacientes pueden sentir ligeramente fatiga, bajo nivel de energía o ligeramente pesadez en la parte superior derecha del abdomen. Para un diagnóstico preciso, los médicos suelen prescribir análisis de sangre, ecografía abdominal, técnicas avanzadas (FibroScan, MRI),...
Según el Dr. Neeraj Dhamija (especialista en gastroenterología, Hospital Sir Ganga Ram, India), el enfoque del tratamiento radica en cambiar los hábitos. En consecuencia, los pacientes deben adoptar una dieta mediterránea, priorizando los cereales integrales, las verduras, las frutas y las proteínas magras. Al mismo tiempo, debe eliminar por completo los alimentos súper procesados y las grasas trans.
Los estudios demuestran que solo una reducción sostenible del 5-10% del peso corporal puede eliminar significativamente el exceso de grasa en el hígado.
Los expertos también recomiendan que los pacientes mantengan al menos 150 minutos de ejercicio moderado cada semana, como caminar rápidamente, andar en bicicleta o nadar. Además, el yoga y la meditación ayudan a estabilizar el metabolismo, apoyando el proceso de recuperación del hígado.
Si no se gestiona a tiempo, la enfermedad puede progresar a niveles 2 y 3 o provocar hepatitis, cirrosis y cicatrices hepáticas permanentes. Los chequeos de salud regulares y el mantenimiento de un estilo de vida saludable son la mejor manera de proteger el hígado.