Pequeños ajustes en los hábitos diarios pueden marcar una diferencia significativa en la salud cerebral. Mantener el movimiento, controlar el tiempo sentado y mejorar la calidad del sueño son formas prácticas de ayudar a proteger la función cognitiva a medida que aumenta la edad.
En primer lugar, debes fijarte el objetivo de hacer ejercicio físico moderado al menos 150 minutos por semana. Actividades como caminar rápidamente, andar en bicicleta, nadar o asistir a clases de ejercicio pueden aportar beneficios evidentes para el cerebro y la salud en general.
Además, debes limitar quedarte sentado demasiado tiempo. Debes levantarte, estirarte o caminar unos minutos cada hora si trabajas en la oficina.
El sueño de calidad también juega un papel importante. Debes mantener las horas de sueño y despertarte regularmente, desarrollar hábitos de relajación antes de acostarte y asegurarte de dormir de 7 a 8 horas cada noche. Al mismo tiempo, evita dormir la siesta demasiado tiempo para no afectar el sueño nocturno.
Finalmente, crea un ambiente de sueño ideal limitando el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarte, reduciendo la luz y el ruido, manteniendo el dormitorio fresco y cómodo.