El 24 de mayo, según la revista Forbes, los científicos advirtieron que el Sol podría estar acercándose al riesgo de que aparezca una "superflare", un fenómeno de erupción de energía extremadamente fuerte que podría tener un gran impacto en los sistemas tecnológicos de la Tierra, así como en las actividades espaciales.
Una nueva investigación publicada en el Journal of Geophysical Research: Space Physics muestra el riesgo de brotes de nivel "S", es decir, erupciones con una intensidad que supera el nivel X10 según la escala estándar de la comunidad científica.
Según el equipo de investigación, el Sol está saliendo de la fase "máxima del Sol", un ciclo de unos 11 años cuando la actividad del campo magnético se vuelve más fuerte. Científicos de la NASA y la NOAA dijeron anteriormente que el momento máximo del ciclo actual ocurre alrededor de octubre de 2024.
Los datos recopilados en el período 1975-2025 del sistema de satélites ambientales geoestáticos muestran que la mayoría de los ciclos solares desde finales de la década de 1970 han tenido al menos una superexplosión hacia la Tierra. Sin embargo, el ciclo solar actual, también conocido como el ciclo solar 25, aún no ha registrado un fenómeno similar.
Los investigadores creen que el Sol podría estar "pasando la fecha límite" para una superexplosión de nivel S en este ciclo.
En lugar de intentar predecir con precisión el momento en que ocurriría el fenómeno, el grupo de investigación construyó un modelo de probabilidad para identificar los períodos de tiempo de alto riesgo. Combinando el método de aprendizaje automático, el grupo descubrió dos períodos con la mayor probabilidad de aparición de supererupciones, que oscilan entre mediados de 2025 y mediados de 2026 y el período inicial a mediados de 2027.
Los científicos advierten que si ocurre una superexplosión y se dirige directamente a la Tierra, este fenómeno podría dañar el satélite, interrumpir el sistema de posicionamiento GPS, afectar la comunicación por radio e incluso provocar cortes de energía generalizados.
Además de los impactos en la Tierra, se cree que la actividad solar más fuerte también podría afectar los planes de exploración espacial en el futuro, especialmente las misiones tripuladas a la Luna.