El 23 de abril (hora local), según The Wall Street Journal citando fuentes de funcionarios estadounidenses, el ejército estadounidense utilizó más de 1.000 misiles de crucero Tomahawk en el conflicto con Irán.
Además de los misiles de ataque de largo alcance, Estados Unidos también ha gastado entre 1.500 y 2.000 misiles antiaéreos importantes. Estos tipos de armas incluyen los sistemas THAAD y Patriot, que se utilizan para interceptar misiles y proteger objetivos militares, así como infraestructura estratégica.
Entre ellos, el Tomahawk es un misil de crucero lanzado desde un buque de guerra, con un largo alcance y alta precisión, que se utiliza a menudo para atacar objetivos terrestres importantes. Los sistemas Patriot y THAAD son capas de defensa multicapa, con la tarea de interceptar misiles balísticos y amenazas aéreas a diferentes altitudes.
Según el informe, el uso de grandes cantidades de misiles en un corto período de tiempo ha provocado una reducción significativa de las reservas de armas de Estados Unidos. Estos son tipos de armas de alto costo y el tiempo de producción no puede aumentar rápidamente a corto plazo.
Las evaluaciones sugieren que completar la cantidad total de misiles utilizados podría llevar hasta 6 años, dependiendo de la capacidad de producción de la industria de defensa y la cadena de suministro relacionada. Esto incluye la producción de componentes, ojivas y sistemas de guía.
El alto consumo también ha llevado a algunas agencias de la administración estadounidense a reconsiderar sus planes de combate en futuras crisis, con el fin de garantizar el mantenimiento de una capacidad de reserva suficiente para escenarios prolongados o múltiples puntos críticos simultáneamente.
Algunos funcionarios de defensa estadounidenses creen que la presión sobre el arsenal actual refleja la naturaleza de alto consumo de los conflictos modernos, en los que el mantenimiento continuo de sistemas de defensa y ataque puede reducir rápidamente las reservas estratégicas.
Este desarrollo muestra que no solo aumentan los costos de guerra, sino que también plantean un gran desafío para la capacidad de mantener la capacidad militar a largo plazo de las potencias en el contexto de un conflicto prolongado.