La expedicion cientifica rusa identifico sitios de tratamiento de residuos nucleares que alguna vez fueron olvidados. Este descubrimiento no solo ayuda a aclarar las actividades de vertido durante la Guerra Fria, sino que tambien genera nuevas preocupaciones sobre los riesgos ambientales en el contexto del rapido calentamiento del Artico.
En una mision de estudio reciente en el Mar de Barents, un buque de investigacion ruso encontro restos de Likhter-4, una barcaza sovietica que fue hundida intencionalmente en 1988.
Este barco una vez transportaba 2 compartimentos de reactor desmontados del submarino K-22, junto con 146 contenedores de residuos radiactivos solidos.
La confirmacion de la ubicacion de Likhter-4 se considera un avance, despues de muchos años de que los cientificos encontraran un callejon sin salida debido a registros de almacenamiento inexactos y duras condiciones de estudio en el Artico.
Segun los investigadores, desde la decada de 1960 hasta finales de la decada de 1980, la Union Sovietica llevo una gran cantidad de combustible nuclear usado, piezas de reactores y materiales radiactivos sellados a las aguas profundas del norte, con el objetivo de aislarlos de las zonas residenciales y la vigilancia publica.

Sin embargo, muchos documentos relacionados con estas actividades son incompletos o contradictorios, lo que dificulta la evaluacion del riesgo ambiental en las ultimas decadas.
Para rastrear Likhter-4, cientificos rusos combinaron la reconstruccion de documentos de archivo con tecnologia de prospeccion moderna. Se desplegaron sonar de escaneo horizontal, equipos de medicion de espectro gamma y dispositivos de control remoto para mapear el lecho marino e inspeccionar el estado de los restos del barco.
Los resultados de las mediciones muestran que no hay signos de fugas radiactivas en la columna de agua circundante. Se cree que algunos niveles de radiacion pequeños registrados se deben a la contaminacion superficial restante, no a la estructura dañada o al bloqueo.
Paralelamente, la expedicion tambien confirmo la ubicacion de otra barcaza, comunmente conocida como Nikel, que alguna vez fue sospechosa de contener casi 580 toneladas de residuos radiactivos.
Las imagenes sonar y los datos visuales han ayudado a los investigadores a mapear este objeto, añadiendo asi un fragmento importante a la imagen del "santuario nuclear" en el fondo del Artico.
Otro foco de la mision es el submarino K-27, hundido en 1981, en la bahia de Stepovoy con combustible nuclear todavia a bordo.

El K-27 sufrio un grave incidente de reactor en 1968 y se considero demasiado peligroso para desmantelar con tecnologia de la epoca.
Aunque la ultima encuesta no ha detectado fugas en el medio acuatico, los cientificos todavia consideran el K-27 como uno de los objetos nucleares sumergidos mas peligrosos del mundo, debido al uso de un raro sistema de reactores de plomo-bismuto.
Ante estos hallazgos, los investigadores rusos estan considerando establecer estaciones de vigilancia submarina permanentes cerca de puntos sensibles, con el fin de monitorear la estabilidad a largo plazo y detectar cualquier fluctuacion a tiempo.