El fuerte terremoto ocurrido en la prefectura de Kumamoto el 28 de julio ha suscitado una vez más preocupaciones sobre el riesgo de desastres naturales en Japón, un país situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, que registra con frecuencia terremotos y actividad volcánica.
Según estadísticas de la Agencia Meteorológica de Japón (JMA), este país registra anualmente miles de terremotos perceptibles. Japón también representa alrededor del 20% de los terremotos de magnitud 6 o más en todo el mundo, lo que hace que la prevención de desastres naturales siempre se coloque en una alta prioridad.
En los últimos 15 años, Japón ha sufrido repetidamente terremotos que han causado graves consecuencias.
El más grave fue el terremoto de magnitud 9,0 frente a la costa de Tohoku el 11 de marzo de 2011. Este desastre provocó un tsunami gigante, que dejó cerca de 20.000 muertos o desaparecidos, y también provocó la fusión del núcleo del reactor en la central nuclear de Fukushima Daiichi, el desastre nuclear más grave desde Chernóbil en 1986.
En abril de 2016, la prefectura de Kumamoto continuó sufriendo un terremoto de magnitud 7,3. Más de 270 personas murieron, incluidos muchos casos debido a deslizamientos de tierra y fuertes lluvias que ocurrieron después del terremoto. Esta es también la zona que acaba de registrar el último terremoto.

En 2018, Japón experimentó 2 grandes terremotos consecutivos. El terremoto de magnitud 6,1 en Osaka dejó 4 muertos, cientos de heridos y interrumpió las operaciones de muchas instalaciones de producción. Solo unos meses después, el terremoto de magnitud 6,7 en Hokkaido dejó más de 40 muertos, provocó deslizamientos de tierra generalizados y cortes de energía para unos 5,3 millones de personas.
En la costa de la prefectura de Fukushima, 2 terremotos de magnitud 7,3 en febrero de 2021 y 7,4 en marzo de 2022 continuaron causando víctimas, hiriendo a cientos de personas y provocando cortes de energía generalizados. Estas vibraciones también recordaron a muchos residentes la catástrofe de 2011.
A principios de 2024, la península de Noto fue sacudida por un terremoto de magnitud 7,6 que mató a más de 300 personas. En agosto del mismo año, un terremoto de magnitud 7,1 frente a la costa de la prefectura de Miyazaki hizo que Japón emitiera por primera vez una advertencia de riesgo de "superterremoto". Aunque la advertencia fue retirada después de una semana, este evento muestra que el riesgo sísmico en Japón siempre está presente.
Con una ubicación geológica especial, los expertos creen que Japón seguirá enfrentando el riesgo de fuertes terremotos en el futuro. Por lo tanto, los sistemas de observación sísmica, alerta temprana y medidas de respuesta a desastres naturales siguen desempeñando un papel clave para minimizar las pérdidas de vidas y propiedades.