Muchas personas poseen coches pero no necesitan usarlos con frecuencia. Cuando el coche permanece en el garaje durante semanas o incluso meses, muchos propietarios de coches creen que esto ayuda a reducir el desgaste y prolongar la vida útil del vehículo.
Sin embargo, dejar el coche quieto durante demasiado tiempo puede causar muchos problemas técnicos inesperados.
Según las recomendaciones, incluso si no se usa con regularidad, los propietarios de automóviles aún deben conducir alrededor de dos a tres veces por semana.
Cada vez que opere, debe moverse al menos unos 20 km para que los sistemas del vehículo tengan suficiente tiempo de funcionamiento y alcancen un estado de funcionamiento normal.
Muchas personas tienen la costumbre de solo arrancar el coche y dejar que el motor funcione sin carga durante unos minutos. Sin embargo, este método solo ayuda al motor a alcanzar la temperatura de trabajo básica sin aportar muchos beneficios a otras partes.
Mientras tanto, conducir en realidad ayudará a que la caja de cambios, el sistema de frenos, la suspensión, el sistema de dirección asistida, el aire acondicionado y muchos otros detalles mecánicos funcionen sincrónicamente.
Una de las partes más vulnerables cuando el coche se usa poco es la batería. Incluso sin funcionar, la batería todavía consume energía continuamente para mantener algunas funciones electrónicas.
Cuando el coche se detiene durante mucho tiempo, la carga eléctrica puede disminuir significativamente. Arrancar el motor también consume más energía, por lo que después de arrancar el motor, el coche debe operarse para que el generador vuelva a cargar la batería.
Si el coche se estaciona en un lugar durante aproximadamente un mes o más, la batería puede degradarse hasta el punto de que no hay suficiente electricidad para arrancar el motor.
En ese caso, el propietario del coche puede tener que tirar de la batería o recargarla antes de usarla. Los expertos también recomiendan usar un cargador de mantenimiento para los coches que funcionan poco para mantener la batería en un estado de carga óptimo y prolongar su vida útil.
Además de la batería, los neumáticos también sufren un impacto significativo. Con el tiempo, los neumáticos perderán aire de forma natural, especialmente en condiciones climáticas frías. Cuando el coche permanece quieto durante demasiado tiempo, el peso del vehículo presiona continuamente la misma posición en el neumático, lo que provoca la aparición de un fenómeno de deformación plana.
En muchos casos, bombear suficiente presión y operar el coche ayudará a que los neumáticos se recuperen. Sin embargo, si la situación se prolonga, los neumáticos pueden deformarse permanentemente, causando temblores y ruido al moverse.
Otro peligro que a menudo se pasa por alto es la aparición de ratones y roedores. Los coches poco utilizados pueden convertirse en un refugio ideal para ellos debajo del compartimento del motor o en el sistema de escape. Algunas especies también pueden morder cables eléctricos y piezas hechas de materiales orgánicos, causando daños costosos.
Además, la humedad puede acumularse en el depósito de combustible y el aceite del motor cuando el coche no se utiliza durante mucho tiempo. Esta situación aumenta el riesgo de corrosión de las piezas metálicas dentro del sistema.