Esta es una de las últimas propuestas mencionadas en el Proyecto de Ley de modificación y adición de algunos artículos de la Ley de Prevención y Control de los Daños del Tabaco, que acaba de ser organizado por el Ministerio de Salud para una conferencia de consulta en la región norte, el 6 de julio.
En consecuencia, el Ministerio de Salud propuso que los establecimientos de venta al por mayor y al por menor de tabaco deben colgar carteles anunciando que no venden tabaco a personas menores de 18 años, llevar a cabo la inspección de la tarjeta de identificación ciudadana con chip, la aplicación de identificación nacional (VNeID) para los casos en que se sospeche que personas menores de 18 años compran tabaco.
En realidad, hoy en día, el concepto de cigarrillo ya no es solo los paquetes de cigarrillos tradicionales colocados en los puestos. En solo unos años, el mercado ha visto aparecer una serie de nuevos productos con todo tipo de diseños, colores, sabores y métodos de marketing dirigidos fuertemente a los jóvenes.
Mientras tanto, muchas regulaciones legales todavía se están elaborando desde hace más de una década, cuando los cigarrillos electrónicos, los productos de tabaco calentado o los dispositivos que contenían nicotina eran casi inéditos en Vietnam.
Por lo tanto, las nuevas propuestas en el Proyecto de Ley de Prevención y Control de los Daños del Tabaco (modificado), en primer lugar, son los esfuerzos de las agencias funcionales para que la ley se ponga al día con la práctica.
Durante mucho tiempo, la regulación que prohíbe la venta de cigarrillos a menores de 18 años ha existido, pero la implementación no es fácil.
Los vendedores estiman principalmente la edad a simple vista o preguntan con la boca. En muchos casos, es solo un procedimiento formal. Cuando no hay herramientas de verificación, las regulaciones son muy difíciles de implementar.
Ahora, si se utiliza la tarjeta de identificación o VNeID para verificar la edad, se puede crear una base legal más clara tanto para el vendedor como para la agencia reguladora.
Del mismo modo, la propuesta de prohibir por completo la exhibición de cigarrillos también surge de la realidad. Los paquetes de cigarrillos colocados directamente en el mostrador de pago parecen ser solo una actividad de venta normal, pero son una forma de promoción visual.
Para los adolescentes, la presencia frecuente de productos llamativos puede estimular la curiosidad y reducir la conciencia sobre el nivel de daño del tabaco.
Otro punto notable es que este borrador ha elegido un enfoque basado en la esencia del producto en lugar de simplemente nombrar cada nuevo tipo de cigarrillo. Esto es muy necesario en un contexto de tecnología en constante cambio. Si la ley solo persigue cada nuevo nombre, cada nuevo diseño, siempre estará en una posición pasiva.
Sin embargo, el mayor desafío de la historia de la prevención del tabaco sigue siendo el tema de la implementación. El tabaco hoy en día no solo se vende en las tiendas de comestibles, sino que también se infiltra en las redes sociales, las plataformas de comercio electrónico e incluso a través de grupos cerrados. Si se gestiona estrictamente en la vida real pero se relaja en el ciberespacio, la eficacia será difícil de completar.
Otro problema es que las directrices de implementación también deben ser claras. Por ejemplo, ¿qué es "sospechar que el comprador no tiene 18 años"? ¿Cuándo se requiere que el vendedor presente el VNeID? ¿Cuáles son las responsabilidades y poderes de las partes?
Esas preguntas deben regularse específicamente para evitar confusiones al aplicarlas y limitar la aparición de disputas.
El objetivo de la Ley de Prevención y Control de los Daños del Tabaco no es causar dificultades a los vendedores o compradores, sino proteger la salud pública, especialmente la generación joven, ante las formas de marketing cada vez más sofisticadas de la industria tabacalera.
Por lo tanto, la ley siempre debe ir un paso por delante para guiar la práctica. Especialmente con el tabaco de nueva generación, si se sigue dejando que la ley corra detrás del mercado, el precio a pagar no serán solo las lagunas de gestión, sino también la salud de millones de jóvenes en el futuro.