El limón contiene vitamina C, potasio y citrato natural. El citrato del limón puede ayudar a ayudar a alcalinizar la orina, aumentando así la capacidad de disolver el ácido úrico y reduciendo el riesgo de formación de cristales de urato en el tracto urinario.
Si desea utilizar el jugo de limón como una medida de apoyo, los expertos recomiendan mezclar 1/2 limón fresco con unos 250-300 ml de agua, sin añadir o solo agregando muy poco azúcar. Puede beberse después del desayuno o después del almuerzo para limitar la irritación del estómago.
Es importante no beber jugo de limón puro o demasiado espeso porque la alta cantidad de ácido puede causar molestias gastrointestinales y erosionar el esmalte dental si se usa con frecuencia.
Las personas con úlceras de estómago o reflujo gastroesofágico deben beber después de comer en lugar de ayunarse.
Según las pautas para el tratamiento de la gota, mantenerse hidratado ayuda a aumentar la excreción de ácido úrico a través de los riñones y reduce el riesgo de formación de cálculos de ácido úrico.
Los participantes no solo beben agua con limón, sino que también consumen un total de unos 2 litros de agua al día.
Además del jugo de limón, las personas con gota deben:
Beba suficientes 2-3 litros de agua al día si no está contraindicado.
Limite la cerveza, el alcohol y las bebidas ricas en fructosa.
Reduce los órganos de animales, la carne roja y algunos mariscos ricos en purinas.
Aumenta las verduras, los cereales integrales y la leche baja en grasa.
Mantén un peso saludable y haz ejercicio regularmente.
Se ha demostrado que estos cambios ayudan a reducir el riesgo de recaídas de la gota de forma más eficaz que el uso de una sola bebida.
No todo el mundo es adecuado para el jugo de limón. Las personas con antecedentes de úlceras de estómago, reflujo esófago o esmalte dental sensible deben usarlo en cantidades moderadas, diluirlo y enjuagarse la boca con agua después de beberlo.
Si se mezcla jugo de limón con mucho azúcar o miel para que sea más fácil de beber, el exceso de azúcar puede aumentar el riesgo de obesidad y síndrome metabólico, factores que aumentan el riesgo de gota.