Según expertos del Sistema Médico Johns Hopkins (EE. UU.), la sandía contiene mucha agua, vitamina C y licopeno, un antioxidante beneficioso para el corazón y la piel. Sin embargo, la calidad nutricional de la sandía puede disminuir si la fruta se echa a perder o se conserva incorrectamente.
Los expertos recomiendan a los compradores observar el fondo de la sandía. Si el fondo es de color amarillo crema o amarillo oscuro, esto suele ser una señal de que la sandía ha madurado naturalmente en el campo. Las frutas con un fondo blanco pálido a menudo no están lo suficientemente maduras.
Además, la cáscara de la sandía debe ser de color verde uniforme, ligeramente rugosa y de forma equilibrada. Al golpear ligeramente la fruta con la mano, la sandía deliciosa suele emitir un sonido profundo y firme. Si el sonido es demasiado fuerte o hueco, la sandía puede ser tierna o esponjosa por dentro.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU., los consumidores también deben tener en cuenta los problemas de higiene al usar sandías. Aunque la pulpa interior está protegida por una cáscara gruesa, las bacterias externas aún pueden adherirse al cuchillo y transmitirse a la pulpa de la fruta al cortarla.
Por lo tanto, la sandía debe lavarse bajo el grifo antes de cortarla. Para las sandías ya cortadas, la gente solo debe elegir productos que estén refrigerados correctamente para limitar el riesgo de infección.
Los expertos también recomiendan no comer demasiada sandía en poco tiempo, especialmente por la noche, ya que puede causar hinchazón o aumentar el azúcar en sangre en personas con enfermedades subyacentes.