Disminuye la función de filtración de los riñones
El consumo excesivo de alcohol obliga a los riñones a aumentar la actividad para procesar los metabolitos del alcohol y mantener el equilibrio hídrico en el cuerpo. Si se bebe demasiado en poco tiempo, los riñones pueden sufrir daños agudos.
La causa es la deshidratación, los trastornos electrolíticos y la rápida acumulación de metabolitos que hacen que los riñones no se ajusten a tiempo. Aunque existe la posibilidad de recuperación si se trata a tiempo, esta condición aún puede aumentar el riesgo de enfermedad renal crónica en el futuro.
Causa deshidratación en el cuerpo
El alcohol tiene un efecto diurético, lo que hace que el cuerpo orine más de lo normal. Si no se repone suficiente agua, la deshidratación puede ocurrir fácilmente y afectar directamente la actividad de los riñones. Este es el órgano que necesita suficiente líquido y electrolitos para mantener una capacidad eficaz de filtración de sangre.
Cuando el cuerpo está gravemente deshidratado, la cantidad de sangre que llega a los riñones disminuye, lo que obliga a los riñones a trabajar más duro para eliminar los desechos y mantener estables los electrolitos. Esta condición prolongada puede aumentar el riesgo de formación de cálculos renales y daño a la función renal.
Estimula la inflamación y el estrés oxidativo
Ya sea beber mucho durante un corto período de tiempo o durante mucho tiempo, el alcohol puede aumentar el estrés oxidativo y las reacciones inflamatorias en el cuerpo. Esta condición prolongada puede causar fácilmente daño al tejido renal, formación de cicatrices fibrosas y disminución gradual de la función renal.
Mayor riesgo de presión arterial alta y diabetes tipo 2
El consumo excesivo de alcohol también está relacionado con la hipertensión y la diabetes tipo 2, las dos principales causas de enfermedad renal crónica. Estas enfermedades pueden dañar el sistema vascular pequeño en los riñones, lo que hace que la capacidad de filtrar los desechos y los fluidos excesivos disminuya con el tiempo.
Efectos indirectos a través del daño hepático
El hígado y los riñones están estrechamente relacionados en el proceso de metabolismo y eliminación de toxinas. Beber alcohol a largo plazo puede causar enfermedades hepáticas, reduciendo así el flujo sanguíneo a los riñones y aumentando el riesgo de deterioro de la función renal.
Las personas con daño hepático causado por el alcohol pueden presentar signos como fatiga, ictericia, pérdida de apetito, edema, acumulación de líquidos en el abdomen, micción frecuente o orina oscura.
Para reducir el riesgo de afectar los riñones y otros órganos, cada persona debe limitar el consumo de alcohol y cerveza. Los expertos recomiendan que los hombres no beban más de 2 unidades de alcohol al día, las mujeres no más de una unidad y debe haber días en los que no se consuman bebidas alcohólicas durante la semana.