En muchas familias, el matrimonio es un tema que los padres mencionan con frecuencia cuando sus hijos entran en la edad adulta. La preocupación, si se prolonga y se convierte en una presión, a veces hace que los jóvenes tengan una mentalidad de evitación.
La Sra. Nguyen Hoang Anh, experta en asesoramiento psicológico (Oficina Voice of Therapist), cree que esta es una reacción psicológica bastante común, llamada "reacción psicológica". Cuando una persona siente que su derecho a la autodeterminación está amenazado o demasiado interferido, tiende a querer recuperar el control posponiendo, evitando o incluso haciendo lo contrario de lo esperado.
La mayoría de los jóvenes quieren tomar decisiones en un momento en que estén realmente preparados, en lugar de casarse solo para complacer a su familia o satisfacer las expectativas de la sociedad", analizó el experto.

Según los expertos, la generación joven de hoy también tiene una visión diferente del matrimonio. Consideran el matrimonio como una decisión importante que afecta a toda su vida, por lo que a menudo consideran cuidadosamente la idoneidad, la capacidad financiera, la madurez emocional, la orientación profesional y la responsabilidad de ser padres.
Por lo tanto, retrasar a veces no es irresponsabilidad, sino un deseo de prepararse mejor para la vida matrimonial.
Para evitar crear más presión, el experto Hoàng Anh recomienda que los padres pasen de la mentalidad de presionar a la de acompañar. En lugar de mencionar continuamente el matrimonio, los padres pueden escuchar activamente los pensamientos, las preocupaciones y las necesidades de sus hijos, creando así oportunidades para que ambas partes intercambien más abiertamente.
Los padres pueden comenzar con preguntas que muestren interés como: "¿Qué estás pensando sobre casarte? Actualmente, ¿qué te preocupa?, ¿Qué pueden hacer los padres para apoyarte?" en lugar de preguntar continuamente "¿Cuándo te casas?"", sugiere el experto.
Según los expertos, la diferencia radica en que, por un lado, ejerce presión, y por otro lado, abre oportunidades de diálogo. Cuando son escuchados y respetados, los jóvenes tendrán espacio para considerar el momento de formar una familia, así como las cosas que deben prepararse para la vida matrimonial.
Los padres también deben respetar el ritmo de desarrollo de cada persona. No todos tienen el mismo momento de madurez emocional, financiera o profesional. Comparar a un hijo con hermanos o amigos de la misma edad suele solo aumentar la inseguridad y la distancia.
Más importante aún, los expertos enfatizan la necesidad de construir relaciones para que los niños sientan que la familia es un lugar seguro para compartir, no un lugar donde cada vez que regresan tienen que enfrentarse a preguntas que les presionan.