No pocos padres piensan que los niños "digan algunas palabras y luego olvidan", pero la verdad es que las palabras de los adultos pueden convertirse en una huella en la mente de sus hijos durante muchos años. Hay niños que alguna vez fueron muy audaces, a los que les gustaba explorar, se atrevieron a desafiarse a sí mismos. Pero después de solo unas pocas veces de ser regañados, criticados, comparados... sus hijos comenzaron a retraerse, a tener miedo de equivocarse, miedo al fracaso y perdieron gradualmente el coraje.
Lo que es más triste es que lo que te hiere a menudo proviene de las personas en las que más confías.
Cuando los padres "apagan" involuntariamente la valentía de sus hijos
Una frase como "Todo lo que hagas se arruina", "Deja de sermonear", "Mira a ese amigo y aprende" puede hacer que los niños se sientan inferiores. Los niños no solo escuchan con los oídos, sino que también recuerdan con las emociones. Y cuando las emociones se ven heridas repetidamente, se formará el pensamiento de que no son lo suficientemente buenos para probar, no son lo suficientemente buenos para ser amados.
Muchos padres no tienen malas intenciones. Pero en un momento de ira, las palabras se convierten en un arma. Los niños no tienen suficiente fuerza para resistirse, solo saben guardar silencio y soportar.
Tu valentía no se pierde de inmediato.
Perdió poco a poco. Empecé a dudar en hablar, no me atreví a preguntar sobre la lección, tenía miedo de hacer mal, miedo de ser ridiculizado. Evitaba probar cosas nuevas porque pensaba que "hacerlas no sería elogiado". Elegí la forma segura de guardar silencio y mantenerme al margen.
Según los expertos, los niños necesitan ser motivados adecuadamente para desarrollar la confianza en sí mismos y la capacidad de afrontar los desafíos. Cuando las palabras de los padres son solo negación y reproche, los niños son propensos a caer en un estado de inseguridad prolongada.
¿Qué deberían decir los padres para mantener el coraje de sus hijos?
En lugar de decir "Me equivoqué", intenta "Está bien, hagámoslo de nuevo".
En lugar de "No soy igual a nadie", di "Estoy progresando día a día".
En lugar de "No llores más", di "Los padres entienden que estás triste".
Esas palabras no me debilitan, sino que me ayudan a ser lo suficientemente firme como para levantarme.
Porque para los niños pequeños, el coraje no es algo natural, sino algo que se nutre de los ojos de confianza y las cálidas palabras de los padres cada día.