Esa es una paradoja de la familia vietnamita de hoy.
Los jóvenes dejan su ciudad natal para ir a la ciudad, estudiar y trabajar en el extranjero. Las familias multigeneracionales que viven juntas son cada vez menos comunes. La comida común se vuelve rara. La tecnología se infiltra en la mayoría de las relaciones. Pero el cambio social no significa que los valores familiares deban perderse necesariamente.
No es que estar cerca sea tener piedad filial. Un hijo que trabaja lejos no significa amar menos a sus padres que a los que viven cerca. Una llamada no puede reemplazar un abrazo, pero cuando no puedes estar a su lado, sigue siendo una forma de mantener la presencia. Lo importante es si cuando los padres lo necesitan, el hijo está allí o no. Podría ser un viaje de regreso, una llamada oportuna, recordar el día en que el padre fue al médico o saber qué le está pasando mal a la madre.
Por el contrario, vivir juntos tampoco es necesariamente cercano. Una familia con suficientes abuelos, padres, hijos y nietos, pero si cada uno se sumerge en una pantalla, la reunión a veces es solo una formalidad. Por lo tanto, el valor de la familia no radica simplemente en vivir juntos, sino en la forma en que las personas se preocupan el uno por el otro. La tecnología puede alejar a los miembros cuando todos se hunden en su propio mundo. Pero también puede ser un puente que conecta a personas separadas por miles de kilómetros.
Incluso la palabra "filialidad" está cambiando. Antes, ser filial significaba saber escuchar, saber sacrificarse, poner los deseos de los padres primero. Hoy en día, un joven puede elegir otra profesión, vivir lejos de casa, formar una familia tarde, pero aún así amar y ser responsable con sus padres. Si se considera "escuchar" como la única medida de la piedad filial, la brecha entre las generaciones será aún mayor.
Los padres deben respetar las elecciones de sus hijos. Los hijos respetan las preocupaciones y experiencias de los padres. No es necesario estar de acuerdo entre sí en todo, pero pueden ser diferentes sin herirse mutuamente. Las comidas familiares no necesariamente tienen que ser de tres generaciones. En Tet tampoco es necesario que todos vivan bajo el mismo techo. La familia de mañana puede ser diferente de hoy, pero si todavía hay amor, gratitud, responsabilidad y bondad, entonces los valores fundamentales aún permanecen.
Porque al final, lo más importante que la familia le da a cada persona no es un hogar. Sino la sensación de que, pase lo que pase ahí fuera, todavía hay un lugar para regresar.