Regañar o golpear a los niños cuando cometen errores todavía ocurre en muchas familias. No pocos padres creen que regañar o usar palizas ayudará a los niños a escuchar y cambiar de comportamiento rápidamente. Sin embargo, muchos expertos dicen que la forma de enseñar a los niños con ira puede dejar efectos negativos en la psicología y el desarrollo de los niños.
La Dra. Preeti Singh, consultora de psicología clínica y terapia en el Hospital Paras (India), dijo que los padres que gritan o golpean a sus hijos con frecuencia pueden hacer que los niños se sientan doloridos, asustados y avergonzados. Aunque este método a veces da resultados inmediatos, a largo plazo puede afectar las emociones y el comportamiento de los niños.
Según ella, muchos padres tienden a usar la ira para enseñar a sus hijos porque esta es la forma en que fueron criados cuando eran pequeños. En muchas familias, regañar o golpear a los niños todavía se considera una forma de que los niños escuchen y mantengan la disciplina. Sin embargo, que los niños escuchen por miedo no significa que entiendan realmente el problema o cambien en una dirección positiva. Ser regañado con frecuencia puede hacer que los niños pierdan la confianza en sí mismos, se preocupen fácilmente y tengan miedo de cometer errores.
Algunos niños se vuelven gradualmente reservados, comparten menos sus emociones por miedo a ser castigados. Pueden sentirse inseguros dentro de su propia familia. Esto afecta significativamente el vínculo entre padres e hijos. Por el contrario, también hay niños que desarrollan una personalidad de oposición, irritabilidad o comportamiento agresivo. Al presenciar con frecuencia la ira y la violencia de los adultos, los niños pueden ver esto como una forma de resolver conflictos en la vida.
Según la Dra. Preeti Singh, enseñar a los niños con violencia también puede afectar el aprendizaje y la capacidad de comunicación de los niños. Algunos niños carecen de confianza, tienen dificultades para integrarse o tienen dificultades para construir relaciones con amigos y personas que los rodean.
Este experto también cree que los niños que crecen en entornos que a menudo son regañados pueden tener dificultades para compartir sus emociones o dudar en buscar ayuda cuando tienen problemas. Esto a veces hace que los niños soporten silenciosamente la presión psicológica durante mucho tiempo.
Además, el enfado excesivo de los padres también puede hacer que los niños formen pensamientos negativos sobre sí mismos. Algunos niños siempre sienten que lo que hacen está mal o no es lo suficientemente bueno para ser amados y reconocidos. En lugar de reaccionar con ira, los expertos recomiendan a los padres que hablen con calma y ayuden a los niños a comprender las consecuencias de su comportamiento. Establecer principios claros pero mantener la escucha y el respeto ayudará a los niños a ser más receptivos.
Los padres deben reconocer los cambios positivos de sus hijos en lugar de solo prestar atención a los errores. Las palabras de aliento oportunas ayudan a los niños a tener confianza y a formar comportamientos positivos. Criar a los hijos es un viaje que requiere paciencia y compañía, porque el comportamiento de los padres cada día afectará la personalidad y las emociones de los niños en el futuro.