Un amigo suyo contó una historia bastante franca. Él fue con su esposa al supermercado, en medio de la multitud, pasó una joven. Admitió que miró, porque los ojos solo ven naturalmente. Pero inmediatamente después, se giró hacia su esposa, que estaba luchando por elegir unos manojos de verduras y pensó simplemente que nadie podía reemplazar a esta persona. La historia no tiene nada dramático, no tiene tragedia, no tiene clímax. Es solo un momento muy cotidiano, donde un hombre se vuelve a la posición correcta de su corazón.
En realidad, lo que hace que una relación sea duradera no es que las personas se vuelvan ciegas al mundo, sino que son lo suficientemente sobrias como para no equiparar la mirada fugaz con el valor a largo plazo. La belleza exterior puede llamar nuestra atención, pero la persona que está a nuestro lado todos los días es la que comparte cosas que nadie más ve, a veces cansada, a veces enferma, a veces irritable, a veces ya no tiene una imagen pulcra.
Una pareja vende un pequeño bún en la esquina de la calle. Todas las mañanas, el marido se sienta a vigilar la olla de caldo, la mujer se queda llena de agua, cobra el dinero, limpia la mesa. Un día, cuando el restaurante está lleno, la esposa se enfada y dice unas cuantas palabras en voz alta, el marido solo sonríe tímidamente. Un cliente se burla: "¿No tienes miedo de que ella te trepe por el cuello si te aguantas tanto?" El marido se ríe: "Si te trepas, también serás mi esposa". La frase suena normal, pero contiene una confirmación de que esa persona puede ser imperfecta, puede ser irritable, puede envejecer día a día, pero sigue siendo su propia persona. La fidelidad, si se mira de cerca, no es eliminar por completo el atractivo del mundo exterior, sino la capacidad de no dejar que esos atractivos difuminen el valor de la persona que está a su lado.
El amor, si solo se mira desde el romance inicial, fácilmente hace que la gente piense que necesita estándares absolutos. Pero cuando se profundiza en la vida, se convierte en una pequeña cadena de opciones. Elegir quedarse, elegir ignorar, elegir no comparar, elegir regresar. Y al final, la gente no recordará cuántas cosas hermosas ha visto afuera. Lo que queda es quién ha estado a tu lado cuando la vida ya no es ostentosa, quién ha pasado contigo los días más normales sin irse.