Antes solo necesitaba que un amigo le diera una palmadita para salir a la calle. Ahora cada invitacion tiene que pasar por un 'comunal de evaluacion' del estado de animo. ¿Ir a tomar un cafe esta tarde? Muy lejos. Llamar a un coche tecnologico justo despues del mediodia esta enfermo. Caminar? Piel. Ojala mañana 'cuando tenga tiempo libre' para tomar cafe. Y mañana vendran muchas cosechas ruidosas asi que la cosecha de cafe caera en el olvido. La pereza no llega como una lluvia torrencial
Pero si somos perspicaces veremos: Detras de esa pereza esta el miedo. El miedo a la decepcion. El miedo a no seguir el ritmo. El miedo a salir de un circulo seguro familiar. Lo triste es que el cuerpo no nos detiene en absoluto. Las piernas todavia pueden caminar las manos todavia pueden abrir la puerta. Es solo que el deseo se ha ralentizado. Se ha envejecido ante el cuerpo durante un largo periodo de tiempo como un anciano sentado en la escalera mirando todo que pasa y diciendo: '¡Maldita sea!'
Una vez le pregunte a una amiga de mediana edad por que ha estado tan quieta en casa ultimamente. Ella dijo: 'Ya no estoy dispuesta a perseguir al mundo'. La mire todavia sana y flexible y entendi que lo que envejece es la confianza en lo nuevo. Una vez creimos que todos los cambios estaban abiertos. Ahora creemos que todos los cambios requieren mas energia que tenemos.
Pero a veces la pereza tambien es una suave campana de advertencia. Que necesitamos descansar cuando estamos sobrecargados. Que tenemos que ralentizarnos un poco para escuchar nuestros pasos en lugar de perseguir cosas que despues de tocar se vuelven vacias. El problema no es que tengamos miedo de cambiar. Sino que no hemos encontrado una razon digna para cambiar. Pero tampoco dejemos que ese silencio se convierta en prision. La vida ya sea larga o corta sigue siendo un viaje. Si permanecemos en silencio demasiado tiempo el polvo se