Las políticas de apoyo a las tasas de interés, el crédito verde, el fomento de la inversión en tecnología limpia, el ahorro de energía... están creando gradualmente un corredor legal y recursos para que las empresas cambien sus modelos de producción y negocios hacia la sostenibilidad.
Un punto notable es que la producción ecológica no solo ayuda a las empresas a ser "ecológicos", sino que se está convirtiendo cada vez más en una condición previa para acceder a fuentes de capital preferenciales, participar en la cadena de suministro global y mantener los mercados de exportación. Cuando los grandes mercados como la UE, Estados Unidos y Japón apliquen estándares de emisiones, trazabilidad y huellas de carbono, las empresas no ecológicas pronto serán eliminadas del juego.
Desde una perspectiva económica, la transición verde no reduce la competitividad, sino que, por el contrario, ayuda a las empresas a aumentar el valor añadido. Utilizar la energía de manera más eficiente, reducir el desperdicio de recursos, optimizar los procesos de producción no solo reduce los costos a largo plazo sino que también mejora la imagen de marca.
Sin embargo, para aprovechar las políticas de apoyo del Estado, las empresas deben tomar la iniciativa de mejorar la fortaleza interna, estandarizar los expedientes, la transparencia financiera, mejorar la gestión empresarial y construir una estrategia de desarrollo a largo plazo vinculada a objetivos verdes.
Ese es el "pasaporte" para que las empresas accedan al crédito verde, los fondos de inversión sostenible y los programas de apoyo nacionales e internacionales.
Por parte del Estado, para que la transición verde sea sustancial, la mejora de las instituciones es un factor clave.
Un conjunto de criterios empresariales verdes claros, factibles y adecuados a la capacidad real de la economía ayudará a evitar la situación de "verde formal", al tiempo que creará motivación para que las empresas se transformen de manera sistemática y con una hoja de ruta.
La transformación verde no puede imponerse mediante órdenes administrativas, sino que requiere el acompañamiento, el apoyo y el reparto de riesgos entre el Estado y las empresas.
La economía verde tampoco es solo una historia de grandes corporaciones. Las pequeñas y medianas empresas, una fuerza que representa una gran proporción en la economía vietnamita, si reciben apoyo en tecnología, finanzas y consultoría, pueden participar plenamente en este proceso.
En ese momento, la transición verde ya no será una carga, sino que se convertirá en una oportunidad para la reestructuración, mejorar la resiliencia y un desarrollo más sostenible ante los cambios globales.
En la nueva era, el camino por delante para las empresas vietnamitas es un crecimiento verde, transparente y sostenible.