Mucha gente piensa que el amor es la armonía de dos almas en medio de un mar de gente ilimitado. Pero en realidad, muchas relaciones son como un contrato psicológico sin papeles. Él le da atención a cambio de sentirse amado o le da fidelidad a cambio de tranquilidad. Él le da pequeños sacrificios a cambio de sentirse importante.
Una compañera de trabajo contó que una vez amó a un hombre muy bueno. Era trabajador, amable, sin alcohol, sin hombres ni mujeres. Parecía que todo era perfecto. Pero ella todavía estaba decepcionada porque se dio cuenta de que lo que necesitaba no era la perfección, sino una persona que supiera escuchar. En su contrato psicológico, la cláusula más importante era ser entendida. Pero en el contrato de ese hombre, la cláusula más importante era la estabilidad. Ambos cumplieron con sus responsabilidades pero violaron la cláusula que la otra persona consideraba la más importante.
El psicólogo Carl Jung cree que las personas a menudo no aman a los demás tan completamente como son, sino que en parte aman las imágenes, las expectativas y las partes inconscientes que proyectan sobre la otra persona. En otras palabras, muchas veces no amamos a una persona real, sino la versión que nuestra mente construye.
Cuando nos enamoramos por primera vez, vemos que el silencio es tranquilo, pero unos años después, se vuelve insensible. Al principio, vemos que los celos son preocupación, luego se convierten en control. Las personas cambian menos de lo que pensamos, pero la forma en que las interpretamos cambia mucho más.
Algunas personas pesimistas dicen que el amor es solo un intercambio de beneficios. No necesariamente, un contrato psicológico no hace que el amor sea menos hermoso. Solo recuerda que el amor no puede vivir para siempre con emociones. Las emociones son lo que hace que dos personas se acerquen, pero la comprensión de las necesidades profundas del otro les ayuda a quedarse.
Una persona que sabe amar es una persona lo suficientemente sobria como para saber lo que necesita, lo suficientemente sincera como para decirlo y lo suficientemente tolerante como para entender que la persona que tiene enfrente también lleva consigo un contrato separado. En ese momento, el amor ya no es un juego de adivinación mutua prolongado y agotador, sino que se convierte en una "negociación" suave entre dos almas. Sin necesidad de certificación notarial ni firma, solo es necesario que ambas personas se prorroguen voluntariamente cada día.