Resulta que el signo más claro de madurez no es tener algunos cabellos plateados o saber beber café sin azúcar. Sino que al despertar recuerdan la responsabilidad. Algunas personas salen al balcón, toman una profunda inhalación y luego vuelven a abrir la computadora portátil. Algunas madres no han tenido tiempo de cepillarse los dientes y ya han preparado el desayuno, instan a sus hijos a ir a la escuela y luego se apresuran a ir a la oficina. Algunos padres se ponen silenciosamente la camisa desgastada, arrancan la vieja motocicleta, llevan a toda la familia al hombro sin que nadie las vea.
Nadie nace queriendo vivir con plazos. Es solo que después de una edad, todos entienden que si se detienen, habrá algo detrás que se ralentice. El dinero para la casa, el dinero para la escuela de los niños, un proyecto... O simplemente una promesa a uno mismo de que este año vivirá mejor que el año pasado.
Cuando éramos jóvenes, pensamos que la libertad era quedarse despiertos hasta las tres de la mañana viendo películas, durmiendo hasta el mediodía y luego haciendo lo que quisieras. Más tarde entendimos que la verdadera libertad es cuando a finales de mes todavía se pueden pagar las facturas sin tener que preocuparse. Es poder llevar a los padres al médico sin pedir prestado. Es ser lo suficientemente tranquilo como para rechazar un trabajo que ya no es adecuado.
Detrás de esa calma hay innumerables mañanas que comienzan con las palabras "deadline". Este mundo parece alabar siempre a las personas que llegan a la meta a tiempo, pero pocas personas les preguntan qué han cambiado para llegar a tiempo. Algunas personas cambian las comidas familiares. Algunas personas cambian el sueño. Algunas personas incluso cambian la salud. Y algunas personas cambian la juventud que no se dan cuenta muchos años después.
Por lo tanto, madurar no es solo saber cumplir los plazos. Sino también saber mantener un respiro entre los plazos. Saber apagar la computadora en el momento adecuado para comer con los padres una comida. Saber levantar la cabeza para mirar el cielo en lugar de solo mirar la pantalla. Saber pasar un día de fin de semana con la persona que amas sin sentirse culpable con el trabajo.
Este trabajo terminará siempre con un nuevo trabajo. Este plazo terminará con otro plazo. Pero la juventud no. La salud tampoco. Y las personas que nos aman no se quedarán ahí para esperar hasta que "terminemos el trabajo". Quizás, la mejor definición de madurez no sea que abriendo los ojos nos extrañemos de que todavía tenemos plazos. Sino que después de todos esos plazos, todavía mantenemos un alma que no se ha agotado, todavía tenemos tiempo suficiente para sonreír a nuestros seres queridos y todavía recordamos vivir para nuestra vida, no solo vivir para el horario de trabajo.