Según el Dr. Deebanshu Gupta (cardiólogo en el Hospital Sarvodaya, Jalandhar, India), un ataque cardíaco silencioso no tendrá síntomas claros. Sin embargo, médicamente, esta afección todavía se debe a una disminución del flujo sanguíneo al corazón, generalmente debido a la obstrucción de las arterias.
La diferencia con los ataques cardíacos comunes radica en la sensación del paciente. En lugar de fuertes dolores en el pecho, el paciente solo se siente ligeramente incómodo o incluso sin síntomas. Por lo tanto, muchas personas a menudo confunden los ataques cardíacos silenciosos con fatiga o tensión muscular.
Estudios de la Asociación Americana del Corazón (AHA) muestran que 1 de cada 5 ataques cardíacos es silencioso. A menudo no se diagnostican completamente porque los síntomas son leves o no existen; las personas no buscan ayuda médica o no se realizan exámenes cardíacos periódicos.
Las causas comunes de los ataques cardíacos silenciosos suelen ser la obstrucción de las arterias coronarias, los niveles altos de colesterol, la diabetes, el tabaquismo o un estilo de vida sedentario.
Aunque no esté claro, también debe tener en cuenta si aparecen signos de molestias o presión leve en el pecho; fatiga anormal, de causa desconocida; dificultad para respirar, mareos, náuseas; dolor en la mandíbula, la espalda o los brazos.
El grupo de personas con alto riesgo de sufrir un ataque cardíaco silencioso suelen ser ancianos, mujeres (que a menudo tienen síntomas atípicos), fumadores, obesos, con presión arterial alta o colesterol alto. En particular, las personas con diabetes deben estar atentas porque el daño nervioso puede reducir las señales de dolor.
Debido a los síntomas tenues, la detección suele basarse en pruebas médicas periódicas como:
Electrocardiograma (ECG): Detección de daños cardíacos pasados.
Ecografía cardíaca: Evaluación de la función de bombeo de sangre.
Análisis de sangre: Buscar signos de daño muscular cardíaco.
Perderse la advertencia de los dolores silenciosos aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca en 3 veces. Las complicaciones a largo plazo incluyen insuficiencia cardíaca, ritmo cardíaco irregular y riesgo de recurrencia de un ataque cardíaco grave.
Para prevenirlo, los expertos recomiendan mantener un estilo de vida saludable (hacer ejercicio al menos 30 minutos al día), controlar el azúcar en sangre, la presión arterial, dejar de fumar y controlar el estrés. Lo más importante son los controles de salud periódicos para detectar a tiempo las lesiones silenciosas.