El estómago reacciona más rápido que el cerebro.
Según el Dr. Bhuvan Shetty, médico consultor de gastroenterología y hepatología en el Hospital Gleneagles BGS, Kengeri, Bengaluru (India), el sistema digestivo y el cerebro están estrechamente relacionados a través del eje cerebro-intestino. Este es un mecanismo de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el tracto intestinal.
Lo que sucede emocionalmente puede afectar directamente la actividad intestinal, a veces incluso apareciendo antes de que podamos darnos cuenta de que estamos estresados", dijo la Dra. Shetty.
Este experto explica que el estrés puede cambiar el peristaltismo intestinal, es decir, el proceso de contracción para empujar los alimentos a través del sistema digestivo. En algunas personas, el estrés hace que los intestinos funcionen más rápido, causando diarrea o la sensación de querer ir al baño continuamente. Por el contrario, muchas personas tienen disminución de la digestión, hinchazón o estreñimiento.
Esta es también la razón por la que el síndrome del intestino irritable suele estallar con fuerza durante las fases de presión prolongada.
El estrés prolongado puede alterar todo el sistema digestivo.
No solo afecta el peristaltismo intestinal, sino que el estrés también aumenta la sensibilidad del tracto digestivo. Una pequeña cantidad de gases en el intestino o una ligera contracción también pueden hacer que el paciente se sienta más dolorido e incómodo de lo normal.
Según la Dra. Shetty, el estrés también afecta a la hormona cortisol, un factor que afecta directamente la sensación de hambre y los hábitos alimenticios. Algunas personas pierden el apetito cuando están estresadas, mientras que otras comen más para liberar la psicología.
El estrés prolongado también aumenta la secreción de ácido estomacal, causando acidez estomacal, ardor en el área del pecho o molestias después de comer. Muchos casos confunden la causa con los alimentos, mientras que el estrés es el principal factor gatillo.
Los expertos señalan que el estrés crónico causado por el exceso de trabajo, la falta de sueño o la presión mental prolongada puede afectar silenciosamente al sistema digestivo durante un largo período de tiempo que el paciente difícilmente reconoce.
Para reducir el impacto del estrés en el estómago, los médicos recomiendan mantener una hora de comida estable, complementar suficiente fibra, beber mucha agua, hacer ejercicio regularmente y dormir lo suficiente. Hábitos simples como comer despacio, relajarse mentalmente o practicar la respiración profunda también contribuyen a mejorar la actividad digestiva.