Sin embargo, los expertos advierten que comer carne que no está completamente cocinada puede tener un riesgo potencial de infección bacteriana y parásitos si el procesamiento no garantiza la seguridad.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., la carne cruda o fermentada que no cumple con los estándares puede contener bacterias como Salmonella, E. coli o Listeria. Estos agentes causan fácilmente dolor abdominal, diarrea, fiebre, vómitos, especialmente peligrosos para personas con inmunidad deficiente, niños pequeños, mujeres embarazadas y ancianos.
Los expertos recomiendan que la gente priorice el uso de alimentos de origen claro, refrigerados correctamente y procesados en condiciones higiénicas. Para los platos fermentados tradicionales, es necesario asegurar un tiempo de fermentación adecuado y ingredientes frescos y limpios para reducir el riesgo de infección.
Además, no se debe comer carne con olores extraños, descolorida o almacenada durante demasiado tiempo a temperatura ambiente. El uso de cuchillos y tablas de cortar separados para alimentos crudos y cocidos también ayuda a limitar la contaminación cruzada durante el procesamiento.
Los expertos también señalan que las personas con enfermedades hepáticas, enfermedades digestivas o sistemas inmunitarios deteriorados deben limitar el consumo de carne cruda fermentada porque el riesgo de complicaciones de infección puede ser más grave.
Si después de comer aparecen signos como dolor abdominal intenso, diarrea prolongada, fiebre o vómitos frecuentes, las personas deben acudir a un centro médico para ser examinadas pronto. Según los médicos, comer de forma segura sigue siendo un factor importante para ayudar a prevenir muchas enfermedades gastrointestinales e infecciones alimentarias.