La intoxicación alimentaria es un problema común en verano cuando las altas temperaturas y la humedad crean condiciones para que las bacterias crezcan rápidamente en los alimentos. Para las personas con hígado graso, este riesgo puede volverse más grave debido a que la función hepática se ha visto afectada.
El hígado es un órgano que juega un papel importante en el proceso de metabolismo y desintoxicación del cuerpo. Este órgano ayuda a procesar nutrientes, neutralizar toxinas y apoyar el sistema inmunológico. Sin embargo, en personas con hígado graso, la cantidad de grasa acumulada en las células hepáticas puede reducir gradualmente estas funciones.
Según el Dr. Pawan Rawal, Director Senior del Departamento de Gastroenterología del Hospital Medanta Gurugram (India), en personas con hígado graso, la función del hígado para procesar y excretar toxinas se reduce. Por lo tanto, al comer alimentos o fuentes de agua contaminadas, el hígado tendrá que trabajar más para combatir los agentes nocivos, lo que aumenta el riesgo para la salud incluso en casos de intoxicación alimentaria leve.
El verano es el momento en que las bacterias se desarrollan fácilmente en alimentos mal conservados, alimentos dejados durante mucho tiempo, alimentos callejeros o fuentes de agua contaminadas. Agentes como Salmonella, E. coli o virus de la hepatitis A y E pueden aumentar el riesgo de infecciones gastrointestinales.
Un estudio de 2023 publicado en la revista Touch Endocrinology mostró que en pacientes con hígado graso, las infecciones relacionadas con los alimentos pueden aumentar las respuestas inflamatorias, causar deshidratación, trastornos electrolíticos y afectar el metabolismo. Este riesgo es mayor en personas que también padecen diabetes, obesidad, colesterol alto o presión arterial alta.
La deshidratación también es un problema preocupante en verano. Los vómitos, la diarrea o el sudoración excesiva pueden reducir el flujo sanguíneo al hígado y empeorar la inflamación. Además, consumir muchas bebidas azucaradas, alcohol o alimentos procesados también aumenta la carga sobre el hígado.
Para reducir el riesgo de intoxicación alimentaria, las personas con hígado graso deben comer alimentos cocidos y beber agua hervida, conservar los alimentos correctamente y limitar comer en restaurantes que no garanticen la higiene. Lavarse las manos con regularidad, evitar comer alimentos crudos o dejarlos al aire libre durante demasiado tiempo también es muy necesario.
Además, los pacientes deben complementar con suficiente agua, agua de coco o líquidos que ayuden a equilibrar los electrolitos para apoyar la actividad del hígado y los riñones en climas cálidos.
Los expertos señalan que si después de una intoxicación alimentaria aparecen signos como vómitos prolongados, ictericia, dolor abdominal intenso, fiebre o confusión, el paciente debe acudir al médico pronto porque estos pueden ser signos de complicaciones relacionadas con el hígado.