Según la Dra. Ameet Mandot (Directora del Departamento de Hepatología del Hospital Gleneagles, Parel, India), los daños hepáticos a menudo comienzan silenciosamente, lo que hace que los pacientes pasen por alto fácilmente las señales de advertencia tempranas. Los síntomas iniciales a menudo no son claros, incluyendo fatiga persistente, pérdida de apetito, náuseas, molestias abdominales y pérdida de peso de causa desconocida.
Cuando la lesión es más grave, el cuerpo mostrará manifestaciones evidentes como ictericia o ojos amarillos, abdomen hinchado (ascitis), propensidad a hematomas o sangrado y debilidad física grave. La Dra. Mandot enfatiza que si bebe alcohol con regularidad y tiene problemas digestivos desconocidos, es obligatorio revisar la función hepática.
Aunque los médicos siempre recomiendan evitar completamente el alcohol, si eliges beber, la moderación es un factor muy importante.
La Dra. Mandot dice que el límite máximo para minimizar el riesgo es una copa al día tanto para hombres como para mujeres. Una copa estándar se convierte en 30 ml de licor fuerte (whisky, vodka, rum), 100 ml de vino o 250 ml de cerveza. Exceder este límite aumentará la presión sobre el hígado, lo que provocará hígado graso, hepatitis y cirrosis crónica.
En particular, la creencia de que beber alcohol social o solo beberlo los fines de semana es completamente inofensivo es completamente errónea. Incluso beberlo con poca frecuencia puede dañar el hígado, especialmente en personas que se emborrachan una vez o tienen factores de riesgo preexistentes como la obesidad. Cada vez que se consume alcohol, el hígado tiene que trabajar duro para tratarlo; el contacto repetido conduce a la inflamación y la formación de cicatrices.
El daño hepático no necesariamente tarda muchos años en aparecer. Solo después de unas semanas de beber alcohol con regularidad o demasiada cantidad, el hígado puede comenzar a estar graso. Si no se detiene, la hepatitis alcohólica ocurrirá en unos meses o años y finalmente conducirá a cirrosis irreversible.
El grupo de personas con mayor riesgo incluye pacientes diabéticos, personas obesas, personas con hepatitis B, C o antecedentes familiares de enfermedad hepática.
Para proteger el hígado, la Dra. Mandot aconseja a todos que eviten o abandonen el alcohol y la cerveza; Mantengan una dieta equilibrada con muchas frutas, verduras y cereales integrales; Hagan ejercicio regularmente y mantengan un peso saludable; Beban suficiente agua y realicen controles periódicos de la función hepática.