El 28 de abril (hora de EE. UU.), según The Wall Street Journal, el presidente estadounidense Donald Trump pidió a sus ayudantes que prepararan un plan de bloqueo prolongado contra Irán, que incluye impedir que los barcos, incluidos los petroleros, abandonen los puertos del país.
Según fuentes, Trump cree que otras opciones como reanudar los ataques aéreos o retirarse del conflicto actual podrían tener un nivel de riesgo más alto que mantener el bloqueo. Este enfoque se considera destinado a mantener la presión sobre Irán al tiempo que se limita la posibilidad de una escalada militar.
Sin embargo, dentro de la administración estadounidense existen diferentes puntos de vista. Algunos funcionarios apoyan el aumento de la presión sobre Teherán, mientras que otros advierten sobre posibles consecuencias. Opiniones cautelosas sugieren que el cierre del Estrecho de Ormuz o la prolongación de la confrontación podrían afectar negativamente a la economía estadounidense, incluido el impacto en los precios de la energía y el comercio.
Algunos asesores también señalan que las decisiones relacionadas con la política exterior pueden afectar la situación política nacional, incluidas las perspectivas del Partido Republicano en las elecciones de mitad de período. Se consideran factores como las fluctuaciones del mercado energético o las reacciones de los votantes.
El plan de bloqueo, si se implementa, se centrará en controlar las actividades marítimas relacionadas con Irán, especialmente las exportaciones de petróleo. Sin embargo, la eficacia de esta medida depende de muchos factores, incluida la reacción de Irán, la participación de las partes interesadas y la evolución del mercado internacional.
Actualmente, la Casa Blanca no ha hecho comentarios oficiales sobre la información anterior. Se cree que el próximo desarrollo de esta política dependerá de la situación real y de las próximas evaluaciones de la administración estadounidense.