El 4 de agosto, según la agencia de noticias Xinhua, la ola de calor y la sequía prolongada están empujando a muchos países europeos a la escasez de agua, interrumpiendo el transporte fluvial y ejerciendo una gran presión sobre el sistema eléctrico. Ante esta evolución, muchos países han tenido que implementar medidas urgentes para garantizar el suministro de agua y energía.
En Italia, la Agencia de Gestión de la Cuenca del Río Po ha elevado el nivel de alerta de sequía en el valle de Po al nivel "grave". Más de 100 ciudades de las regiones de Piedmont y Lombardía están experimentando dificultades con el agua potable, lo que obliga a las autoridades a movilizar camiones cisterna para reponer continuamente agua en los embalses.
En Bélgica, el gobierno de Bruselas pide a la gente que limite las actividades que consumen agua, como lavar coches, regar el césped y llenar las piscinas. Muchas localidades de Valonia han aplicado medidas para restringir el uso del agua, mientras que la región de Flandes ha emitido una advertencia de sequía naranja.
El calor también aumenta la presión sobre el sistema eléctrico. En Chipre, la temperatura de casi 43 grados centígrados a finales de julio hizo que la demanda de electricidad alcanzara récords, lo que obligó a las autoridades a cortar la electricidad alternativamente en algunas áreas para garantizar la estabilidad de la red eléctrica.
Mientras tanto, los niveles de agua en muchos de los principales ríos de Europa continúan cayendo a niveles récord, afectando directamente al transporte y la producción de energía.
El 30 de julio, el río Rin en los Países Bajos registró el nivel de agua más bajo de la historia. En el punto de Kaub en Alemania, considerado un cuello de botella importante en la ruta de transporte del río Rin, el nivel del agua es de solo 28 cm, lo que obliga a muchos barcos que transportan carbón, mineral, cereales y combustible a reducir su capacidad de carga.
Una situación similar también aparece en Bélgica cuando muchos barcos solo pueden transportar entre el 80 y el 90% de la capacidad de diseño, lo que aumenta el riesgo de retrasos en el transporte de combustible.

No solo el transporte, sino también el sector energético se ven gravemente afectados. En Hungría, el bajo nivel del río Danubio hace que la central nuclear de Paks, que suministra casi la mitad de la producción de electricidad del país, corra el riesgo de dejar de funcionar por completo por primera vez en 44 años. En Serbia, las dos centrales hidroeléctricas de Djerdap solo operan entre el 20 y el 30% de su capacidad, mientras que algunas unidades térmicas también tienen que reducir su producción debido a la falta de agua de refrigeración.
Para responder, Hungría ha preparado un plan para cortar la electricidad para las grandes empresas, y al mismo tiempo apagar los sistemas de iluminación en muchas obras emblemáticas. Serbia aumenta las reservas de carbón, petróleo y electricidad, y al mismo tiempo transfiere parte del transporte de combustible del transporte marítimo al ferrocarril.
Los expertos advierten que si la sequía continúa prolongándose en agosto y septiembre, Europa podría enfrentar impactos más graves en los recursos hídricos, la energía y las cadenas de suministro.