Los datos de National Gas publicados el 7 de marzo muestran que las reservas de gas del Reino Unido han disminuido drásticamente a 6.999 gigavatios horales (GWh), mucho menos que los 9.105 GWh del mismo período del año pasado. Con una capacidad de almacenamiento actual que no puede satisfacer 48 horas de demanda, este país se enfrenta al riesgo de una grave escasez de energía.
La situación empeoró cuando los barcos que transportaban gas licuado (GNL) cambiaron continuamente de dirección del Océano Atlántico a Asia para buscar mayores ganancias debido al impacto del conflicto.
El precio del gas en el mercado británico se disparó a 137 centavos/unidad térmica (therm), casi el doble que los 78,5 centavos antes de que estallara la guerra en Irán. El bloqueo por parte de Irán del Estrecho de Ormuz, donde circula el 20% del gas marino mundial, junto con el incidente en la planta de GNL más grande del mundo de Qatar tras un ataque a un dron, ha sofocado el suministro. Como resultado, las empresas de transporte dan prioridad a los contratos en Asia, dejando atrás a Europa en la carrera por la energía.
Sin embargo, los funcionarios británicos todavía se esfuerzan por tranquilizar a la opinión pública al afirmar que el país tiene una oferta diversa. El Ministerio de Seguridad Energética dijo que las reservas solo contribuyen en pequeña medida a la estructura de suministro general.
La mayor parte del gas británico todavía está garantizado desde la plataforma continental y los gasoductos que conectan directamente con Noruega, lo que ayuda a mantener la flexibilidad necesaria para equilibrar las necesidades diarias de las personas incluso en los escenarios más raros.
Sin embargo, National Gas advierte que los desafíos a largo plazo no se pueden ignorar a medida que la producción en el Mar del Norte está disminuyendo rápidamente. Esta agencia propone que el Gobierno necesite ampliar urgentemente los almacenes y establecer más unidades de almacenamiento flotante para garantizar la seguridad nacional.
Los expertos creen que este es un "momento de vida o muerte" para que Gran Bretaña reestructure su sistema energético ante las impredecibles fluctuaciones geopolíticas de Oriente Medio.
Aunque las temperaturas templadas desde finales de febrero han ayudado a reducir la demanda de calefacción, la dependencia de las importaciones sigue siendo un punto débil fatal. Mantener la seguridad energética en el futuro dependerá en gran medida de la capacidad del sistema para adaptarse a los choques de suministro de áreas inestables como el Estrecho de Ormuz.