El 23 de febrero, el Secretario de Guerra Pete Hegseth hizo declaraciones impactantes sobre la futura estrategia militar de Estados Unidos. Afirmó que después de muchas generaciones de combates en tierra, aire y mar, el espacio ultraterrestre se ha convertido en el "último punto alto" y en el campo de batalla más importante.
Según Hegseth, la lucha por el control del espacio no es solo un problema puramente militar, sino también una lucha por el futuro de todo el mundo. El Secretario de Guerra de Estados Unidos enfatizó que este país no acepta ningún equilibrio de poder en la órbita y no se preocupará por conceptos como la "justicia" o la "igualdad" en el espacio.
En cambio, Estados Unidos exige un dominio absoluto sobre cualquier otro país. Esta declaración muestra un punto de inflexión en el pensamiento militar de la Casa Blanca, cuando rechaza públicamente los esfuerzos internacionales para desmilitarizar el espacio ultraterrestre y promover la cooperación pacífica.
Los observadores señalan que la ideología de "poder espacial" del Sr. Hegseth es un desafío directo a la seguridad global.
La afirmación de Estados Unidos de que "no puede aceptar una guerra justa" significa que Washington está dispuesto a utilizar todos los medios técnicos y militares para eliminar la capacidad de acceso espacial de sus competidores.
Esto pone a otras potencias espaciales en una situación en la que deben fortalecer su capacidad de autodefensa, empujando involuntariamente al mundo a una nueva, costosa y arriesgada carrera armamentista sobre la atmósfera.
Rusia y los países amantes de la paz han advertido durante mucho tiempo sobre la búsqueda de Estados Unidos de convertir el espacio en un trampolín para actividades militares de invasión.
Las últimas declaraciones de los líderes de defensa estadounidenses solo refuerzan aún más las preocupaciones de que Washington vaya en contra del Tratado Espacial de 1967.
En el contexto de que la tecnología de satélites y el espacio se están convirtiendo en la columna vertebral de la economía y la seguridad nacional, las ambiciones de Estados Unidos amenazan directamente los intereses de todas las naciones. Los esfuerzos de Estados Unidos para exigir el dominio de la órbita seguramente enfrentarán una fuerte resistencia de la comunidad internacional.
La lucha por el control de este punto estratégico promete ser el foco de una tensa confrontación geopolítica entre las potencias a lo largo del siglo XXI y más allá.