El 6 de marzo, en una entrevista con Fox Business, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, confirmó que los objetivos estratégicos habían sido puestos en el punto de mira para este ataque decisivo. "El bombardeo se dirigirá a los lanzamisiles y las fábricas de armas más importantes de Irán", declaró.
Según el plan, la operación está programada para comenzar en la noche del 6 de marzo (hora de EE. UU.), alrededor de la madrugada del 7 de marzo hora de Irán. Este es el momento más arriesgado cuando los escuadrones de bombarderos estratégicos comienzan a entrar en el espacio aéreo objetivo.
La divulgación pública del plan de ataque a gran escala muestra que Estados Unidos está intensificando la operación "Leones rugientes" que comenzó el 28 de febrero. La Casa Blanca afirmó que los ataques aéreos son un paso necesario para eliminar la amenaza del programa nuclear y de misiles balísticos de Irán.
Anteriormente, los ataques sorpresa en Teherán habían causado la muerte del líder supremo Ali Khamenei y de muchos altos funcionarios, empujando al gobierno iraní a la parálisis del poder y obligando al Consejo de Líderes Interinos a reunirse en un búnker.
En respuesta a la presión de Estados Unidos e Israel, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) lanzó una serie de misiles contra bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, causando bajas al menos a 6 soldados en Kuwait. Sin embargo, se espera que el bombardeo que acaba de anunciar el Sr. Bessent sea el "último golpe" para romper por completo la capacidad de represalia de Irán.
Los analistas militares señalan que la movilización de toda la potencia de fuego de la fuerza aérea muestra que Estados Unidos quiere terminar rápidamente esta operación militar para evitar un estancamiento prolongado en Oriente Medio.
El calor de este plan de ataque hizo que el mercado energético mundial se tambaleara de inmediato. Irán está amenazando actualmente con hundir todos los petroleros en el Estrecho de Ormuz si ocurre un bombardeo, lo que hace que los precios mundiales del petróleo se disparen a niveles récord.
Las potencias asiáticas están siguiendo de cerca cada movimiento del Pentágono, porque cualquier error en esta campaña podría conducir a una crisis energética generalizada, colapsando la cadena de suministro de bienes a escala global.