El 13 de abril (hora local), Estados Unidos y Venezuela firmaron oficialmente acuerdos para expandir la producción en la franja de Orinoco, donde se concentran las mayores reservas mundiales de petróleo crudo superpesado. Este evento tuvo lugar justo después de que Estados Unidos se comprometiera con un paquete financiero de reconstrucción de 100 mil millones de dólares para la industria energética de esta nación sudamericana. Este es un importante giro, que permite a las corporaciones energéticas estadounidenses participar más profundamente en los "supermanantiales" que han estado estancados durante muchos años debido a las sanciones y la inestabilidad política.
En lugar de invertir de forma dispersa, las partes han procedido a reestructurar la cartera de activos para optimizar los recursos. Estados Unidos aumentó su participación en la empresa conjunta estratégica Petroindependencia al 49% (antes era del 35,8%).
Para obtener derechos de explotación en la zona petrolera clave de Ayacucho 8, las corporaciones estadounidenses aceptan entregar el campo de gas offshore de Loran y otros pequeños proyectos petroleros. El objetivo de este intercambio es concentrar todo el capital y la tecnología moderna en aumentar la producción de petróleo crudo lo más rápido posible, en lugar de dispersarlos en proyectos de gas a largo plazo.
Con el apoyo de la tecnología estadounidense, se prevé que la producción de petróleo de estas empresas conjuntas se dispare un 50% en solo 2 años. Actualmente, estos proyectos de cooperación contribuyen con unos 260.000 barriles de petróleo al día, lo que representa aproximadamente 1/4 de la producción nacional total.
El aumento de la producción no solo ayuda al gobierno interino de Venezuela a tener más divisas para estabilizar la sociedad, sino que también ayuda a desbloquear el flujo de energía que ha estado bloqueado durante mucho tiempo.
En el contexto de que los precios mundiales del petróleo crudo se mantienen en un nivel alto, por encima de los 100 dólares por barril, la "desbloqueo" del enorme suministro de Venezuela se considera una solución clave para estabilizar el mercado.
Para Estados Unidos, un mayor acceso a los recursos de petróleo crudo en Sudamérica ayuda a garantizar la seguridad energética nacional y reducir la dependencia de los suministros lejanos. Este es un paso pragmático tanto de Washington como de Caracas para abordar la creciente demanda mundial de combustible.