El 9 de marzo, hablando por televisión, el presidente Vladimir Putin afirmó que Moscú está dispuesto a volver a cooperar con los clientes europeos si aceptan acuerdos a largo plazo y no están bajo presión política.
Esta declaración se hizo en un contexto en el que el precio del crudo Brent se disparó más del 30% el fin de semana pasado, superando en un momento el umbral de 119 dólares por barril. Este es un precio récord sin precedentes desde que el conflicto en Ucrania comenzó a estallar en 2022.
La causa directa de este shock energético es que el Estrecho de Ormuz, la ruta de transporte vital que representa alrededor del 20% del petróleo y el gas licuado en el mundo, está completamente bloqueado. La ruptura en este "cuello de botella" ha provocado que el mercado mundial caiga en una situación de alerta roja por la oferta.
Ante la situación urgente, el Primer Ministro húngaro Viktor Orban instó a la Unión Europea (UE) a suspender las sanciones contra el petróleo y el gas rusos para hacer frente a la escalada de precios.
Sin embargo, aunque Moscú hizo una propuesta, la realidad muestra que la dependencia de Europa de la energía rusa ha disminuido drásticamente en los últimos 4 años.
Según las estadísticas, antes de 2022, Rusia suministraba más del 40% del gas a Europa, pero para 2025, esta cifra ha disminuido a solo alrededor del 13%. Europa se ha esforzado por diversificar los suministros y promover las energías renovables para reducir la influencia de los oleoductos rusos.

Además de las barreras políticas, la reanudación del flujo de energía también enfrenta grandes obstáculos técnicos y legales. Las estrictas sanciones de la UE y el grave daño al gasoducto Druzhba que atraviesa Ucrania desde enero de 2026 aún no se han solucionado. Esto hace que sea difícil llevar el petróleo y el gas rusos de vuelta al mercado europeo por las rutas antiguas a corto plazo, incluso si las partes llegan a un acuerdo en principio.
Mientras que los países del G7 están considerando urgentemente implementar las medidas necesarias para estabilizar el mercado, Putin cree que las empresas energéticas rusas deberían aprovechar este momento para consolidar su posición global.
Los observadores creen que volver a la cooperación a largo plazo con Moscú será una decisión extremadamente difícil para la UE. El bloque mantiene su objetivo estratégico de eliminar por completo los combustibles fósiles rusos en un futuro próximo para garantizar la autonomía en la seguridad energética.