Más de 4 años después del estallido del conflicto ruso-ucraniano, la Unión Europea (UE) ha reducido drásticamente las importaciones de gas de Rusia.
Según datos del Consejo Europeo, Rusia suministraba alrededor del 40% de las necesidades de gas de la UE antes de 2022, pero esta proporción se ha reducido significativamente gracias al aumento de las importaciones de gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos, Noruega y el norte de África.
Sin embargo, el nivel de dependencia del gas ruso entre los estados miembros de la UE sigue siendo muy diferente, especialmente en las regiones de Europa Central y Oriental.
Hungría todavía se encuentra entre los países más dependientes del gas ruso en la UE. Según Reuters, Budapest importó entre 7.500 y 8.800 millones de m3 de gas ruso a través del gasoducto TurkStream en 2025, casi alcanzando la capacidad máxima de este gasoducto. Los datos publicados por Rusia muestran que el suministro de gas a Hungría en 2024 alcanzó entre 8.600 millones de m3.
Eslovaquia es también uno de los países de la UE que todavía depende significativamente del gas ruso. Según el Ministerio de Economía eslovaco, alrededor del 33% del suministro de gas del mayor importador del país en 2025 todavía proviene de Rusia a través de Gazprom y la línea TurkStream. Bratislava mantiene actualmente el contrato de importación de gas con Rusia hasta 2034 y cree que detener el suministro demasiado rápido podría tener un gran impacto en la economía y la seguridad energética.
El primer ministro eslovaco, Robert Fico, dijo recientemente que muchos países de la UE están dando señales de que podrían participar en una demanda contra la prohibición de la UE de importar gas ruso.
Además de Hungría y Eslovaquia, Austria fue una vez uno de los mayores clientes de gas de Rusia en Europa. Según el Instituto de Investigación Económica Internacional de Viena (wiiw), en un momento dado en 2024, más del 80% de las importaciones de gas de Austria provenían de Rusia. Aunque Viena se ha esforzado por diversificar los suministros en los últimos años, los analistas creen que la economía del país todavía se ve significativamente afectada por las fluctuaciones de precios y el suministro de energía ruso.
Mientras tanto, muchos países de Europa Occidental como Alemania, Francia o los Países Bajos han reducido la dependencia más rápidamente gracias a la expansión de la infraestructura de GNL y al aumento de las importaciones de otros socios.
Sin embargo, datos recientes muestran que el GNL ruso sigue siendo importado a algunos países de la UE como Francia, Bélgica y España. Los analistas creen que esta dependencia desigual está haciendo que la UE siga enfrentando muchos debates internos relacionados con la política energética y la hoja de ruta para poner fin a las importaciones de gas ruso en los próximos años.