Corea del Norte anunció el 9 de abril una serie de nuevas armas, incluidos misiles con ojivas de racimo y sistemas de guerra electromagnética, para demostrar su capacidad para llevar a cabo la guerra moderna.
Según la agencia de noticias KCNA, las pruebas realizadas por el Instituto de Ciencias de Defensa Nacional y la agencia de gestión de misiles de Corea del Norte incluyen ojivas de racimo montadas en misiles balísticos tácticos, bombas de fibra de carbono y sistemas de defensa aérea móvil de corto alcance.
Una prueba muestra que el misil tierra-tierra Hwasongpho-11 Ka puede transportar ojivas de racimo, capaces de "quemar todos los objetivos" en un radio de hasta 7 hectáreas. Las pruebas también evalúan la capacidad de combate de las ojivas de misiles balísticos tácticos, aunque no especifican el número de misiles lanzados.
El general Kim Jong Sik, quien supervisó las pruebas, describió las armas electromagnéticas y las bombas de fibra de carbono como "activos especiales" del ejército. Se dice que el sistema de guerra electromagnética tiene la capacidad de desactivar los circuitos electrónicos del enemigo, mientras que las bombas de fibra de carbono pueden paralizar infraestructuras como las centrales eléctricas al dispersar conductos eléctricos.
El ejército surcoreano confirmó que Corea del Norte ha lanzado muchos misiles en los últimos días. Los expertos creen que este movimiento es una demostración de fuerza para enviar señales tanto a los oponentes como a los aliados.
Algunas opiniones sugieren que Pyongyang se dirige al desarrollo de sistemas de armas de bajo costo pero que pueden producirse en masa, combinados con capacidades de guerra electrónica para atacar la infraestructura industrial y las redes eléctricas.
Los analistas también señalan que las nuevas armas podrían complicar aún más la estrategia de defensa de Corea del Sur, al tiempo que reflejan que Corea del Norte está aprendiendo de los recientes conflictos para construir un modelo de guerra asimétrica.
La medida de anunciar armas se produce en un contexto en el que Corea del Norte sigue considerando a Corea del Sur como un "rival hostil", apagando así la esperanza de mejorar las relaciones en la península.