El 8 de abril, Corea del Norte lanzó varios misiles balísticos a aguas del este, en un contexto en el que el país rechazó las expectativas de reducir las tensiones con Corea del Sur.
Según el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur, los misiles fueron lanzados desde la zona cercana a Wonsan alrededor de las 8:50, volando unos 240 km.
Un día antes, el ejército surcoreano también detectó un lanzamiento sospechoso de ser un misil balístico desde cerca de Pyongyang. Este objeto voló hacia el este pero mostró signos inusuales en la etapa inicial y desapareció.
Funcionarios de Corea del Sur y Estados Unidos están llevando a cabo un análisis detallado de los lanzamientos. Seúl considera esto un acto de provocación, que viola las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y pide a Pyongyang que ponga fin a las pruebas.
La Oficina del Presidente de Corea del Sur convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional para evaluar la situación. Mientras tanto, Corea del Norte continúa rechazando las prohibiciones de las Naciones Unidas, argumentando que esas regulaciones violan el derecho de autodefensa del país.
Los acontecimientos se produjeron después de que un alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Norte, Jang Kum Chol, afirmara que Pyongyang no cambia su postura de considerar a Corea del Sur como un oponente hostil. Jang Kum Chol dijo que Seúl es "ilusivo" si cree que las relaciones bilaterales pueden mejorar.
Esta declaración contrasta con la declaración anterior de Kim Yo Jong, hermana del presidente norcoreano Kim Jong Un, que algunas opiniones en Seúl consideran una señal de reconciliación rara. Sin embargo, la parte norcoreana enfatizó que era solo una advertencia, no buena voluntad.
Los analistas creen que Pyongyang está apagando rápidamente las expectativas optimistas de Corea del Sur, al tiempo que continúa las actividades de prueba de armas para fortalecer la capacidad de disuasión.