La sub-17 de Vietnam perdió 1-4 ante la sub-17 de Corea del Sur en un partido en el que los problemas solo aparecieron en los últimos 10 minutos. Algunos jugadores lloraron, pero el presidente de la VFF dijo: "No hay necesidad de llorar". Eso es como una orden para recuperar la voluntad. Sin embargo, desde una perspectiva psicológica, ¿por qué tenemos tanto miedo a las lágrimas?
Llorar a menudo se enmarca de forma prejuiciosa como debilidad. Los adultos enseñan a los niños que "los hombres no deben llorar", lo que significa que siempre deben "esforzarse" para demostrar coraje de acero. Pero en realidad, las lágrimas no son el fin de la voluntad, sino la respuesta muy tangible del cuerpo ante los límites del dolor. La psicología ha demostrado que llorar es un mecanismo de autocuración milagroso. Cuando caen las lágrimas, el cuerpo libera oxitocina y endorfinas, las dosis de sedantes naturales que ayudan a aliviar el dolor, "lavan" las emociones extremas y luego la gente suele alcanzar un estado más tranquilo para reconocer el problema.
Por lo tanto, la represión no nos hace más fuertes, sino que con el tiempo, solo nos debilita. "cargar emociones" en exceso creará presión sobre el sistema cardiovascular y el cerebro. Las lágrimas que fluyen hacia atrás se convierten en tumores de estrés prolongado.
Aquí, la verdadera valentía no se debe a tener un rostro frío y sin emociones, sino a la capacidad de afrontar y aceptar la verdad. Llorar para saber que has sido dedicado, llorar para admitir que también sabes dolor, y luego de la misma "debilidad" liberada, surge una nueva fuente de energía.
Dejemos que los niños, y también nosotros mismos, tengamos derecho a llorar cuando nos sentimos demasiado pesados. No obliguemos al cuerpo a soportar más presiones de "tener que ser fuerte" artificialmente. Porque después de todo, solo cuando se atreven a vivir de verdad con el dolor, las personas tendrán suficiente equipaje para seguir adelante con alivio y resiliencia.