El factor de comparación no es entre un deporte y otro, entre un entorno y otro, sino la forma en que las personas superan las circunstancias, tanto cuando están felices como cuando sufren. Crea valor.
Si te preocupa la trayectoria profesional de Rybakina, verás que en ella hay fuerza al tomar decisiones incluso cuando era joven (cambió de Rusia para jugar en Kazajstán), hay determinación al estar dispuesta a despedirse del entrenador que dio forma a su estilo, enfrentarse al fracaso, el período de crisis debido a lesiones y las condiciones externas.
No esquivar las fluctuaciones, pero tampoco ser demasiado explosivo al ganar. Es solo "una leve sonrisa, un ligero asiento como una expresión de alguien que está acostumbrado a vivir con la presión y sabe que la victoria nunca es el punto final, sino solo una pausa temporal".
La prueba más reciente de la calma de la "Reina del Silencio", como lo llaman los kazajos, es la declaración cuando ocupa el puesto número 1 de la WTA: "Eso es solo un número, es un logro diferente... pero al final, lo más importante siguen siendo los títulos".
Rybakina no es un modelo de estrella elegante, no construye una marca con declaraciones impactantes o campañas de comunicación ostentosas. Y ella es otra imagen digna de ser vista por los jóvenes atletas y jugadores vietnamitas.
Las 2 palabras "estrella" son iguales, pero cuando se comparan con "real" y "medios de comunicación", el valor es muy diferente. Un lado madura con entrenamiento y paciencia, el otro crece con elogios, con ilusiones, con contratos publicitarios, con el número de seguidores en las redes sociales...
Un lado construye para sí mismo torres cada vez más altas y sólidas, el otro lado es como una esponja en las olas, subiendo y bajando, rompiéndose y desapareciendo cuando llega otra ola... Esa es la esencia de los medios de comunicación y las redes sociales en la vida moderna.
Por supuesto, no todo el mundo está tan "silenciado" como Rybakina, pero vivir de acuerdo con sus cualidades y personalidad, incluso si no está a la altura de construir una torre, al menos debería convertirse en un surfista, no en olas, para pasar con firmeza una ola tras otra, sin importar si allí hay elogios, escándalos o cualquier cosa.