Para reducir la presión del tráfico, el Departamento de Policía de Tráfico planea organizar la desviación del tráfico, cerrando temporalmente la dirección fuera de la ciudad en algunas autopistas, priorizando los vehículos que entran en el centro de la ciudad.
Rutas como Pháp Vân - Cầu Giẽ, TPHCM - Long Thành - Dầu Giây y TPHCM - Trung Lương - Mỹ Thuận se ajustarán de forma flexible según el flujo de tráfico real.
El objetivo no es otro que evitar la congestión de decenas de kilómetros, reduciendo el riesgo de accidentes en cadena cuando el flujo de vehículos se congestiona.
Sin embargo, la realidad muestra que la regulación en la autopista solo resuelve la parte "superior". El verdadero cuello de botella está en los cruces de entrada.
Un ejemplo típico es el cruce de An Phu, que conecta la autopista con el eje Mai Chi Tho. Aunque la infraestructura ha mejorado, cuando los coches salen del túnel subterráneo, todavía tienen que enfrentarse al sistema de semáforos continuos. La gran cantidad de coches que llegan al mismo tiempo provoca congestión inevitable.
Ante esta realidad, la paciencia y el cumplimiento de la ley por parte de cada conductor son factores decisivos.
La ley de tráfico ha estipulado claramente las responsabilidades de los conductores de vehículos, el cumplimiento de la velocidad, el mantenimiento de una distancia segura, el cumplimiento de las señales de los semáforos y el no consumo de alcohol al conducir.
Estas regulaciones no son formales sino una "barrera de seguridad" para proteger la vida humana.
Solo un cambio de carril descuidado, un frenazo brusco por exceso de velocidad o una pequeña colisión entre una multitud de coches es suficiente para que toda la autopista se "congele".
En ese caso, el precio a pagar no es solo el tiempo, sino también las lesiones, incluso la vida. Los accidentes en cadena que ocurrieron en la autopista recientemente son una seria advertencia sobre las consecuencias de la subjetividad.
También es necesario reconocer que, después de muchos días de descanso, la psicología de la impaciencia para volver al trabajo fácilmente hace que el conductor pierda la calma.
La presión de los atascos, el cansancio por los largos viajes pueden provocar comportamientos inapropiados como invadir el carril de emergencia, adelantar imprudentemente, no ceder el paso.
Estos actos no solo violan la ley, sino que también muestran falta de responsabilidad hacia la comunidad.
Las soluciones técnicas como cerrar la dirección y desviar el flujo solo son máximamente efectivas cuando van acompañadas de autoconciencia.
Las fuerzas funcionales pueden controlar y sancionar, pero no pueden reemplazar por completo la sobriedad y la responsabilidad de cada conductor.
Volver a la ciudad después del Tet es volver a un nuevo ritmo de vida, un nuevo trabajo, un nuevo objetivo. No hay razón para cambiar la seguridad por unos minutos más rápidos.
En todas las circunstancias, ya sea que la carretera esté despejada o congestionada, ya haya o no puestos de control, la conciencia del cumplimiento de las normas de tráfico debe seguir siendo lo primero.